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Si el Gobierno logra sus propósitos, y se eliminan las elecciones primarias en los partidos políticos, como requisito primordial para enfrentar los comicios generales, Panamá estará presenciando la caída abrupta de su sistema democrático.
Este será el primer paso fatal. Luego vendrá la imposición caprichosa de los candidatos, como se hacía hasta hace poco, junto con otras triquiñuelas que en los años sesenta fue el producto de una podredumbre política que hizo detonar el golpe policial del 68.
El sistema político, entonces, volverá estar en manos de la gente de dinero, o la mafia de los partidos, y no de los electores quienes, en primera y última instancia, debieran ser quienes tengan el poder de decisión sobre los destinos del país.
Máxime en estos momentos, cuando de las cuentas bancarias estatales salen millones de dólares para financiar a los partidos políticos. Eso quiere decir que no son los gamonales quienes pueden decidir qué hacer con los partidos que controlan, sino que es la gente de a pie, el panameño común, el que con sus impuestos se ha ganado el derecho a tomar las decisiones.
Quienes quieren eliminar las primarias lo hacen con el interés de hacer trampa. No quieren oir lo que la gente de sus partidos tiene que decir, y pretenden acallar las opiniones contrarias cerrando las puertas de salida. ¡Qué bárbaros! |