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EDITORIAL
Triste diciembre
Estamos a un paso de diciembre. Un mes que antes representaba una tregua en los problemas cotidianos que aquejan a los panameños, pero este año nos enfrentamos a un panorama sombrío. Estamos arrastrando los mismos problemas de hace tres meses, con la agravante de que se nos viene encima el alza en la tarifa del transporte público y la demora en lograr acuerdos sobre temas nacionales.
Los políticos, empresarios y obreros siguen empantanados en comisiones de diálogo, donde se dilatan las soluciones, mientras los problemas se acumulan en una especie de olla de presión a punto de reventar.
Por más que nuestros políticos aleguen preocupación por las dificultades del pueblo, los panameños no son tontos y saben bien que de lado y lado -oposición y gobierno- están más interesados en sacar provecho de sus intereses particulares, en vez de buscar el bien de la colectividad. Como un círculo vicioso nuestros dirigentes se debaten en torno al uso del Fondo Fiduciario, la ratificación o no de Spadafora y las partidas circuitales.
Así entramos en diciembre, época de paz, pero que en Panamá parece más de tristeza, ocasionada por gente que cada día pierde su empleo y las posibilidades de obtener otro son remotas. Los almacenes venden su mercancía más barata que nunca, pero nadie compra. La gente siente temor de gastar, como previendo que el futuro no es nada halagador y vale más guardar los míseros ahorros que hacer gastos que no son imprescindibles.
Diciembre era la época de bonanza para el comercio. Circulaban cerca de 300 millones de balboas en concepto de salarios, décimo tercer mes, ahorros navideños, bonificaciones y ahora se le suman 363 millones de balboas de los Certificados de Participación Negociable (CERPAN), pero no se observa optimismo en nadie. Todo es pesar e incertidumbre generalizada.
Los panameños parecen haber perdido la alegría y los políticos no hacen mayor cosa para venderle esperanzas. Nadie sabe cómo vendrá el 2002 y por eso sabiamente el pueblo se muestra precavido. Ante tanta incapacidad, sólo nos resta decir: ¡Ampáranos Dios mío!. El país necesita de todos. No podemos cada cual tirar nuestro lado de la sábana, sin pensar en el bien común. ¡Mucho ojo, Panamá!
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PUNTO CRITICO |
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