OPINION

CUARTILLAS
Entiende

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Por Milciades A. Ortiz Jr.
Catedrático universitario

Los médicos tienen fama de escribir como los "marcianos": sólo lo pueden entender ellos mismos... y los farmacéuticos. Pero no sólo escribiendo algunos médicos son difíciles de entender. También ocurre cuando hablan. Si no me creen, asista a una de sus conferencias. Estoy seguro que escuchará muchas palabras que no conoce.

Y es que las ciencias médicas están llenas de términos raros, en otros idiomas, y a veces el doctor se olvida que quienes lo escuchan no estudiaron medicina. Por suerte este fenómeno ya es aceptado por los mismos médicos y se hacen intentos por corregirlos. El veinte de octubre pasado, asistí como expositor a una conferencia sobre "Comu-nicación y Salud en el siglo veintiuno", organizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá.

Debo confesar que su actual Decano, Dr. Enrique Mendoza es un médico experto en comunicarse con el pueblo. Ha tenido por mucho tiempo programas radiales donde lleva el mensaje médico a las comunidades populares. Entre el variado programa, los estudiantes de medicina que organizaron el acto, me pidieron que hablara de algunas experiencias que tuve en los años setenta, en el Ministerio de Salud.

Aunque han pasado veinticinco años, creo que los casos del uso de palabras elevadas entre médico y pacientes o comunidad, pueden seguir ocurriendo. Hablé de las reuniones de los Comités de Salud de la época. A veces se usaban términos elevados que la comunidad no entendía y quedaba "en babia", como dicen en calle primera de Parque Lefevre. (Debo confesar que los médicos no son los únicos profesionales que usan palabras elevadas).

En una de esas reuniones la gente humilde no podía entender eso de la hemoglobina como causante de la "anemia". Y cuando se les habló del hierro en la sangre, más de uno se restregó los brazos en un gesto de asombro.

Recordé a mi primo Gino Pileri (q.e.p.d.), a quien cuando joven le pedían sus padres que comiera "lentejas porque tienen hierro". Y él inocentemente, con un tenedor rebuscaba los granos de lentejas para ver el "hierro" que tenían.

En la época en que laboré en el Ministerio de Salud hice una lista de palabras elevadas y se pidió a médicos, enfermeras, nutricionistas, trabajadores sociales, etc., que no las usaran. Otro asunto que confundía a los humildes panameños del campo eran las estadísticas. Recordé que una funcionaria insistía que "el sesenta por ciento de los niños de este poblado están desnutridos". Una señora le pidió excusa y le dijo que estaba equivocada, porque "aquí solamente hay treinta niños". Yo recomendé usar el número diez en lugar que el porcentaje (cien) para evitar esta confusión.

Igual sucedía con las bonitas gráficas de colores. "Aquí están ustedes", decía una funcionaria mostrando una barra azul, y la gente humilde se miraban unos a otros.

La Dra. Rosa María Britton me dijo que mi charla le recordó muchas experiencias que tuvo al comienzo de su vida profesional. Esto confirmó mis planteamientos: hay que hablarle en forma sencilla a la gente humilde de Panamá para que comprendan.

 

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