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Emblema

Por: Josefa Marín Rubio | Periodista

Orgullosos levantamos la mirada hacia nuestro emblema tricolor. Lágrimas asoman a los ojos de quienes admiran el esplendor de sus colores en contraste con el celeste cielo. (No sabemos si es por el candente sol o por sincero amor patrio).

Una fugaz mirada por nuestra historia patria evoca el pensamiento. Un suspiro y la vida sigue como siempre...

Durante una clase escuchaba a unos estudiantes señalar que las banderas son símbolos nacionales que deben ser respetados, sin importar a qué país representen, porque a nadie debe gustarle que su emblema sea pisoteado o quemado.

La conversación de los alumnos giraba en torno a las protestas que tardíamente se dieron contra el mandatario estadounidense (George Bush). En su reciente visita a Panamá, una de las demostraciones de rechazo fue quemar la bandera estadounidense.

A pesar de que estas acciones de dañar el emblema "gringo" o de otras naciones no son nuevas, para algunos de estos muchachos, el destruir cualquier bandera les pareció reprochable. Señaló una joven universitaria que podría ser la nuestra y esto no sería agradable para ningún panameño.

"Hay que buscar otra forma para protestar, sin tener que destruir la bandera de nadie", exclamó.

"El odio no trae nada bueno, solamente más peleas", dijo otro chico de la clase.

Sin embargo, descargar la rabia sobre una bandera se ha convertido en un símbolo de lucha. Demuestran su inconformidad por las acciones o ideas de otros de esta manera.

Si es efectiva o no para que se les ponga atención a sus pretensiones, sólo ellos sabrán. Pero de que causan un impacto en las personas por la forma llamativa del método de manifestarse, está demostrado que sí.

Esperemos que en este mundo de rencores, "el febril desasosiego" (como recitó el poeta Gaspar Octavio Hernández) no extinga a los que aman el esplendor de cada emblema nacional en la ira que sacude a las razas.

Honrar una bandera no significa destruir a otros. Tiene que ver con el respeto, el valor al defender nuestros principios con la verdad, con dignidad. La fuerza debe ser el último extremo de la cuerda.



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