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La piel de nuestro cuerpo constituye una superficie de 17 metros cuadrados. Su función es proteger al organismo de la desecación y de regular su temperatura interna. Por la sudación, se eliminan a través de ella las impurezas del interior del cuerpo, por eso es básico su higiene diaria, ya sea tomando un baño o una ducha.
Es fundamental un aseo del cuerpo cada mañana, para retirar los restos de secreciones celulares de la noche. Por norma es aconsejable tomar una ducha diaria y un baño de vez en cuando, ya que los baños tomados con demasiada frecuencia acaban debilitando la piel y resecándola.
LA DUCHA DIARIA
La ducha de cada mañana no debe ser con agua muy caliente y tampoco debe sobrepasar los cinco minutos, para que la piel no se reseque. Al acabar es aconsejable aplicarse una crema o aceite hidratante mientras la piel está húmeda.
A la vez que nos aseamos podemos conseguir activar nuestra circulación sanguínea de la siguiente forma: primero lavarse con un jabón suave y agua caliente, después frotar la piel con un guante de crin y para acabar, una ducha de agua fría.
Para hidratar bien la piel nada mejor que una ducha de aceite, primero actuar limpiando la piel con jabón y agua caliente. Una vez enjuagado el jabón del cuerpo, aplicar un aceite hidratante por todo el cuerpo, duchar con agua caliente y luego con agua fría. La piel queda tersa y suave.
UN BAÑO RELAJANTE
El baño es aconsejable como relajación del cuerpo y para aliviarnos del estrés diario. Sin embargo hay que seguir unas reglas básicas: Hay que evitar el agua demasiado caliente, puesto que podríamos sobrecargar la circulación sanguínea y también quitar a la piel parte del manto graso que posee. La temperatura ideal estaría entre 35 y 38 grados, y el tiempo máximo es de quince minutos.
Sólo se recomienda tomar como máximo dos baños a la semana, si se realizan con más asiduidad, no debe durar más de diez minutos y después del baño hay que aplicarse abundante crema hidratante.
Si el baño se toma por la mañana, éste debe terminar con una ducha de agua fría, de esta forma los poros de la piel se cierran y el aspecto de la piel es terso. Cuando el baño es por la noche, se puede suprimir la ducha fría.
Después de cada baño es recomendable aplicarse una crema hidratante que se extenderá por la piel aún húmeda. Si se dispone de tiempo, se recomienda envolver el cuerpo en una toalla durante veinte minutos para facilitar su absorción.
Para pieles secas, se recomienda un baño de leche y miel. Echar en la bañera un litro de leche entera, una taza de miel y una taza de sal, abrir el grifo y dejar correr el agua a una temperatura de 38 grados. |