Recientemente, me reuní con una amiga extranjera, la cual me contó un dato acerca del porqué nuestro país no despega en el asunto de la promoción turística. Dice la dama que hace dos años, cuando viajó a ver el Interior de la República, se encontró con que la improvisación y la falta de estructura hotelera son elementos evidentes en el lugar donde viajó.
"Me encontraba en Pedasí, en Azuero. ¿Puedes creer que no hay ningún buen hotel, de que no hayan restaurantes o balnearios, teniendo bellas playas en la provincia de Los Santos? Amigo, tuve que hospedarme en una mera estancia ante la falta de lugar de descanso, no porqué estuvieran llenos, sino porque no los hay", me dice la joven.
Para rematar, nuestra amistad fue inmediatamente invitada a otro sitio de Centro América, Costa Rica. Allá, con casi lo mismo que ofrecer que Panamá, encontró algo muy diferente. Había estructura turística, buena atención en los hoteles, personal bilingüe y un trato ejemplar.
¿Qué pasa en Panamá? De seguro, eso mismo debe preguntarse el flamante e ilustre gerente general del Instituto Panameño de Turismo (IPAT), Rubén Blades, quien hace un rato entrevistamos para saber lo que ocurre con nuestro país.
Y es que aunque tengamos potencial turístico, de que quizás ya superamos el millón de visitantes extranjeros anuales en el istmo, todavía nos encontramos de que el atraso en obras para dar cabida a turistas es notable en muchos poblados del Interior. Allí está el Darién, con su mítica selva, sus majestuosos ríos y la diversa comunidad indígena. Nadie explota este recurso a sólo horas de viaje. Pero, la mala fama de la inseguridad fronteriza con Colombia, la falta de hoteles y de un personal adecuado para atender a los turistas, sólo ha hecho de que Jaqué y Bahía Piñas sean los únicos sitios desarrollados en esa remota región del país.
Tampoco desarrollamos el turismo interno. Aunque parezca ilógico, gran parte de los panameños nunca han visitado la Comarca de Kuna Yala, Bocas del Toro, las playas del Caribe Veragüense, Chiriquí y el archipiélago de Las Perlas. Y un factor de esta situación es que esos lugares parecen ser tan distantes e inaccesibles para el resto de los panameños, que sólo los extranjeros pueden sufragar la estadía en esos puntos turísticos del país.
Más que pedir dinero, presupuesto, u otros factores económicos, el IPAT debe modernizarse hacia una autoridad especial con autonomía completa, que pueda permitir una promoción mundial de Panamá.
Empero, también urge que el IPAT apoye a las comunidades en los puntos turísticos para desarrollar la infraestructura necesaria para atraer a los visitantes. Esto generará trabajos para la gente de esos lugares y todos saldremos ganando con la llegada de visitantes.