|
La reseña curiosa más antigua sobre el periodismo data de la época del reino de Cartago (hoy Túnez), cuando un mensajero de un imperio rival llegó ante el Rey Aníbal, para informarle sobre una declaración de guerra. Como era usual, todo enviado de malas noticias era asesinado, como castigo. En aquel momento, el mensajero esperó el filo de la espada, pero Aníbal le dijo, “Ve y anda, que cuando gane vendrá el castigo”. El gobernante cartaginés le perdonó.
También, en la mitología greco-romana, el Dios Mercurio (o Hermes) viajaba desde el Olimpo para observar el mundo e informar a los amos del Universo sobre los hechos humanos.
La necesidad de conocer los eventos que trascienden y de estar informados, obligó desde los mismos albores de la Humanidad, el tener personas que buscaran la información, no importara los riesgos o peligros que uno debía correr. Como hemos visto arriba, el caso de los mensajeros asesinados de Cartago era el fiel ejemplo de algo que ocurre todavía en nuestros días: La cruel represalia de las autoridades de los estados y de los poderosos señores contra los informadores de la verdad.
Ser periodista es un riesgo fabuloso. ¿Por qué? Pues como decía una persona hace poco, es la mejor forma de ser pobre: Uno está cerca de las fuentes de información (las cuales muchas veces tienen enorme poder económico y social), mientras que el periodista vive una ilusión de codearse ante estos personajes, sin importar que uno sea de escasos recursos. El crédito sobre una noticia extraordinaria y el precio de la fama son elementos que hacen que un informador pueda ser reconocido por la comunidad, siempre y cuando los datos sean fiables, además de que el periodista debe mantener un código de ética profesional que haga respetar esta noble profesión.
En Panamá, cual Cartago moderna, todavía existen ciertos elementos del poder político y económico que no soportan a los medios, en especial a los periodistas, con quienes se ensañan por un interés eterno de buscar la luz de la verdad entre la oscuridad.
Empero, todavía hace falta mucho por consolidar el Periodismo en el istmo. No se reconoce el papel de los periodistas empíricos (que no son de carrera), muchos de los cuales se les discrimina. También, los periodistas “free-lance” (o agentes libres) no reciben un reconocimiento a su trabajo, pues muchas noticias importantes son hechas por investigadores independientes. Igual caso es el periodista del Internet, quien dentro de poco tendrá más poder de informar directamente por medio de la web global e interna de cada país.
Ojalá que en algún momento, la comunidad y los gremios periodísticos reconozcan el derecho que tienen otros sectores que trabajan por mantener informada a la población, pues, al igual que los periodistas de carrera y los fotógrafos, son también informadores de la verdad. Cuando ocurra esto, entonces sí podemos decir que el Periodismo es realmente una fuente confiable y abierta, en donde la ciudadanía tiene depositada la esperanza de conocer los hechos, de una manera verídica y democrática. |