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Si un turista llega a Panamá el primero de noviembre, antes del día de los difuntos, y pasa por un supermercado, pensaría que el país entero se está preparando para la llegada de un huracán. Pero si se fija detenidamente en las carretillas, en vez de víveres, están llenas de botellas de licor.
Este el frenesí por alcoholizarse que se desata en muchos panameños cuando llega el tiempo de las fiestas de independencia. El verdadero fin de estas festividades es la de honrar a la patria, pero llegado el 3 de noviembre, hay quienes están tan borrachos que ni se acuerdan de cual fue el país en que nacieron.
En estas fechas se recuerda de dónde venimos y hacia dónde debemos dirigirnos como nación. Además de los desfiles, y los actos de conmemoración, en el mes de la patria los panameños debemos sacar lo mejor de nosotros, pero bajo la influencia del alcohol sucede todo lo contrario: peleas, violaciones, choques, atropellos y balaceras. |