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Desde que los seres vivos aparecimos en la Tierra hemos estado modificando la atmósfera mediante un intercambio mutuo para poder sobrevivir; pero resulta que en los dos últimos siglos la explotación indiscriminada de las bondades que nos ha brindado la naturaleza ha provocado en ella daños intensos y peligrosos, que de no tomarse medidas urgentes podríamos provocar cambios irreparables e irreversibles en nuestro bello planeta.
En las dos últimas centurias el hombre ha sido el protagonista de cambios muy violentos en las diferentes capas de la atmósfera. Baste decir que la temperatura en la tierra ha aumentado en 0,6°C durante este periodo que, comparándola con la que ha variado de forma natural desde la última glaciación hace 20 000-30 000 años que fue de 5°C, se puede notar la gran fluctuación que hemos sido capaces de provocar a la madre natura.
Las predicciones para los próximos 50 años son aún más escalofriantes: se espera que al ritmo de degradación de la atmósfera como consecuencia de la introducción del modelo de globalización neoliberal, al que se ha sometido la economía mundial, por parte de los países del occidente, la temperatura variará a escala global entre 2,5°Cy 4,5°C llegando hasta 6°C en regiones específicas.
La capa de ozono es un componente de la atmósfera, la cual protege a la Tierra de la radiación ultravioleta (UV) que llega fundamentalmente del Sol, haciendo el papel de escudo protector de la vida. Se extiende en la estratosfera desde una altura de 15 km hasta 35 km aproximadamente, aunque la densidad máxima se encuentra a una altitud de 17km.
Todos juntos, debemos y tenemos que comenzar a saldar esa gran deuda que hemos sido capaces de contraer con la naturaleza y responsabilizarnos con el cuidado y protección de la capa de ozono, pues todos somos los perjudicados por igual y sin distinción. Las consecuencias que implican la destrucción de la naturaleza son incalculables. |