La fuerte lluvia que cayó durante varias horas en la ciudad capital ayer, martes 3 de noviembre, puede dejar algo más que resfriados a los que acudieron a hacer algo de dinero en las rutas de los desfiles patrios.
Y es que aunque como dice una popular canción: "la lluvia no daña mi fiesta", lo que sí pudo dañar fue la posibilidad de que muchas personas ganaran un buen dinero con la venta de comidas, bebidas y otros artículos.
Y es como lo expresaba sabiamente un vendedor de raspao que se encontraba en la ruta de la Avenida Balboa, "en lo que menos la gente piensa en comprar cuando llueve a cántaros es algo que le va a dar más frío como el raspao o el helado".
Pero al parecer los raspaderos no fueron los únicos que la pasaron mal, pues vendedores de soda, agua, carne en palito y chorizos, entre otros, también se quejaban de la mala suerte que muchos atribuían a la lluvia, y otros a la falta de dinero de las personas, y hasta a la presión que ejercían las autoridades sobre los puestos de ventas.
Los que sí parecieron haber hecho su agosto en noviembre fueron los vendedores de paraguas, quienes los vendían en dos y tres dólares. Los mismos eran muy buscados cuando la lluvia arreciaba.
Debido a lo angosto de las calles en la ruta de la Catedral y la Avenida B, no se apreciaban puestos de ventas con toldas, contrario de la Vía España donde se ubicaron algunos.