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REFLEXIONES
"Irrespeto a los difuntos"

Carlos Christian Sánchez C.
Polvo eres y polvo serás, esa fue la expresión que el Creador Divino sentenció el destino mortal de los seres humanos. La carne y la materia impiden, como barrera infranqueable, la vida eterna en el mundo que conocemos. Y como el cuerpo es parte de la tierra, varias religiones consideran en sus creencias, que se efectúe el regreso al lugar donde provenimos. El dos de noviembre se conmemora el Día de los Difuntos, fecha en la cual los panameños acudimos a las iglesias y a los lugares fúnebres para recordar a los seres queridos que dejaron este mundo, antes que nosotros. En otros países, el primero de noviembre se realizan también actos honoríficos hacia los difuntos. En gran parte de Europa, ese día se declara libre; mientras, en México, los santuarios se agolpan de personas y la gente hace dulces con forma de carabela, en alusión a una vieja tradición indígena, por respeto a los muertos. Los cristianos, tanto católicos, protestantes y ortodoxos, siguen el patrón de la vida ejemplar del Mesías. Jesucristo, el hijo de Dios, superó esa barrera material, gracias a su naturaleza sacrosanta y las duras pruebas del camino. La Pasión del Señor, su muerte en crucifixión y su sepultura, constituyen los pasos previos a la Resurrección, la más grande victoria del alma sobre la mortalidad, promete a los hombres la benevolencia de la paz y la tranquilidad del Paraíso. Empero, los creyentes del cristianismo deben efectuar la sepultura del cuerpo, como parte esencial de recibir, algún día, la Resurrección del Alma. El mundo contemporáneo tiene tantas complejidades, que incluso crean problemas a los difuntos después de la muerte. El crecimiento de las ciudades, la falta de espacio, la moderada tasa de mortalidad y el excesivo costo de alquiler de las criptas en los cementerios, conforman una serie de problemas que cargan sobre los hombros de los deudos y familiares del fallecido. De allí que vemos los recientes reportajes periodísticos, en donde observamos el estado deplorable de las osamentas, tras ser "desalojadas" de las tumbas, por la falta de pago en la tarifa municipal. Las escenas de huesos colocados en gavetas, silos y tinacos de basura, constituyen una situación indecorosa. Incluso, los cementerios se han convertido en lugares tan caros y especiales, que no dejan al muerto, descansar en paz. La ciudad de Panamá ha llegado a la situación de otras urbes del mundo, en donde escasean los lugares para sepultar a los difuntos. Ya no tenemos que envidiar a Tokio, ciudad en la cual hay serios problemas con los lugares fúnebres. La crisis de los espacios en nuestro país afecta a los cementerios públicos de Juan Díaz, ubicado al frente del Jardín Olímpico, además del otro, localizado en Concepción. El desalojo de las sepulturas constituye un problema serio que merece ser analizado, ya que deshonramos a los difuntos. Las personas que asumen los pagos por las mismas, también tienen derecho de vivir sus tradiciones y nunca se deben permitir las tétricas escenas que observé, hace cuatro meses en Juan Díaz, cuando al transitar en un autobús, el nauseabundo olor de carne en descomposición se adueñaba del medio ambiente, producto de la acción de retirada de los cuerpos humanos. ¿Qué decir de los cementerios de Amador? Los edificios de Patio Pinel, El Chorrillo y Huerta Sandoval, hacen el similar papel de murallas, alrededor de las tumbas. Algunos moradores de esas estructuras urbanizadas, imprudentemente, lanzan sus sacos de basura hacia los cementerios, esperando que los vigilantes de los mismos les hagan el favor de recoger sus desechos. Es como si ellos no supieran que algún día serán sepultados en ese mismo lugar, en el caso futuro de haber espacio físico. El dos de noviembre también es el inicio de los actos patrióticos, con motivo de la Independencia de Panamá. Todos los ciudadanos deben recordar los enormes esfuerzos hechos por los fundadores de la Nación, para desarrollar el proyecto de un país soberano. No olvidemos a nuestros ancestros. Ellos construyeron el mundo que habitamos. Tampoco permitamos el sacrilegio que ocurre en los lugares fúnebres. Eso es un acto anti religioso y bárbaro.
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