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FAMILIA
Venenos que salvan vidas

Tomado de Internet
En la sala de emergencia del hospital, un médico se inclina sobre un niño inconsciente, cuya respiración es rápida y superficial, si bien su pulso es violento. Sus aterrados padres, acurrucados por ahí, sólo saben que se tragó "unas píldoras". Se le hace un lavado de estómago y se ordena una prueba sanguínea, que confirma lo que se sospechaba: que sufre de salicismo agudo, debido a que se tomó un puñado de aspirinas. Lo había puesto de muerte una de las drogas más útiles de las ciencia, que es también una de las principales causas del envenenamiento en los niños. En la espesura de la selva amazónica, un cazador jíbaro carga en silencio su cerbatana con un dardo cuya afilada punta está cubierta con una resina pardusca. Apunta el largo tubo de 5 metros a un mono retrepado a 10 metros: con un leve soplido envía su pequeño proyectil. El mono salta al recibir el dardo, parlotea por un momento, se tambalea y cae. En menos de cinco minutos dejó de respirar. La resina pardusca que mató al mono es el curare, una de las sustancias naturales más tóxicas; purificada, es un valioso auxiliar de la cirugía: inyectada en dosis minúsculas, relaja los músculos del adomen (al igual que relajó primero y luego paralizó los del mono) para que el cirujano pueda operar sin miedo de espasmos musculares. Estas dos anecdotas resumen lo que probablemente es el hecho más fundamental sobre las drogas: todas las drogas son venenos y todos los venenos son drogas. Por ello no es de extrañar que la palabra pharmakon, de la que se derivan palabras como "farmacia", "farmacopea", etc., significara originalmente tanto una bebida curativa como una mortal. En un sentido más alto, una droga - o un veneno - es toda sustancia que puede producir una alteración en la función o estructura del tejido vivo. (Una bala que se incrusta en el cuerpo altera, incuestionablemente, su funcionamiento, pero su efecto es mecánico más que químico, por lo cual no puede ser clasificada como droga.) Las drogas pueden alterar el funcionamiento del sistema nervioso: los anestésicos borran el dolor que causa el bisturí del cirujano; los tranquilizadores calman las angustias de los neuróticos y sicóticos, aunque su acción no siempre es beneficiosa. el alcohol induce a la eurforia y también al atontamiento comatoso; los narcóticos calman el dolor o producen hábito. Los alucinógenos, como el LSD, quizá ensanchen la conciencia, pero también deforman la mente hasta llevarla a la misma locura. Lo cierto es que cada día se usan más y nuevas drogas contra los malestares físicos del cuerpo, pero en esencia, son drogas que también llevan a la persona a una adicción, que posteriormente podría volverse nociva, tanto para la salud mental como la física y biológica.
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