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HOJA SUELTA
Madre
sin hijos

Eduardo Soto P.
Crítica
en Línea
Tengo en blanco
la libreta de apuntes. El tema que logré madurar, la brujería,
me disgusta y prefiero que fallezca antes de nacer. Es decir,
mi artículo de hoy murió por un aborto espiritual
que, por higiene mental y una que otra dosis de fe, me provoqué
el viernes.
Así que hoy no habrá hojas sueltas
como todos las conocemos. En su lugar, les pido a los lectores
acepten los siguientes pensamientos que me envió por fax
una amiga entrañable, quien ya ha regado por las páginas
de este diario algunas ideas anónimas. Ella me impide
que revele su identidad. Sólo me atrevo a decirles que
tiene nombre de santa: Juana.
El fax lo mandó a mitad de semana, cuando el debate
de los días puente estaba caliente en el sartén.
Aunque no parezca oportuno, ya que todos fueron eliminados, la
vivencia de esta mujer sigue vigente.
Juana dice: Ahora que se debate la eliminación
de los días puente me permito reflexionar sobre mi soledad
el año pasado cuando, después de 30 años,
me quedé sin hijos el Día de las Madres.
Para nosotros los católicos el Día de
las Madres no es sólo para agasajar a las mamás
terrenales sino, lo más importante, para recordar la Inmaculada
Concepción de María, madre de Jesús. Todos
le rendimos ese día homenaje a esa mujer que fue capaz
de dar un sí, sabiendo todas las consecuencias de la decisión
tomada.
Como todos los años, en nuestra parroquia se
celebra una misa solemne con muchas flores, con los niños
haciendo su Primera Comunión, regalos y, sobre todo, la
convivencia familiar en torno a la Madre del Cielo.
Qué tristeza la mía cuando el 8 de diciembre
de 1998, cuando todos los miembros de mi familia tenían
que ir a trabajar, me quedé sola con mi nieto en la misa;
la iglesia estaba llena de flores, muy arreglada para la fiesta,
pero sólo llegó gente mayor, uno que otro joven
y muy pocos niños. ¡Qué vacía se sentía
la misa!
¿No son más importantes las costumbres
sanas y espirituales que el dinero?
Al terminar la misa pasé frente al altar de la
Virgen María y me pregunté ¿cómo
puede ella celebrar el Día de la Madre sin lo más
importante: sus hijos?
Hasta aquí puedo copiar las palabras de Juana. El espacio
me impide más. Pero creo que las presentadas son suficientes.
Al menos son mejores que la historia de esa mujer que, dicen
por ahí, me hizo brujería en la calle.
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