|
Panamá ha sido a través de su historia un país privilegiado por su posición geográfica con acceso a dos mares. Hasta allí una gran verdad. La mentira es que ese privilegio de la naturaleza nos haya servido a los habitantes de esta tierra para obtener beneficios económicos por igual, y vivir un poco mejor. Si no, veamos el alboroto formado con el CEMIS, que sólo nos dejó sobresaltos y el gusto pasajero de ver a poca distancia en la pantalla de televisión, fajos de billetes de diferentes denominaciones.
Por la concesión de los puertos se arman con frecuencia serias diferencias tumultuarias que terminan zanjándose con insultos en los principales medios de comunicación, en cuyas primeras planas los involucrados dejan desechas honra y vergüenza, lanzándose los peores improperios habidos y por haber.
Peor aún, cuando los negocios se enredan con la política y terminan trenzados en un nudo que nadie puede desenredar.
Por allí vi que un gringo de apellido Jumet, que no tiene nada que ver con una ingestión alcohólica en altas proporciones, mantiene un contrato con la Nación y ahora está acusando a funcionarios del gobierno de coimeros, incluso habló de mordidas. ¿Por qué no menciona nombres?
Pero lo peor de este señor es amenazar al Gobierno Nacional que va a hablar con los senadores norteamericanos para que lo ayuden como si el contrato lo hubiese pactado con los estados de Pensilvania o Colorado. |