Pienso que todo aquello que sembramos puede producir, la calidad y solidez de la semilla y la estrategia a seguir en la escogencia del terreno, nos ofrecen rápidamente los resultados vencedores, secundando las mejores intenciones. Es increíblemente excitante para el viejo cosechador de ideas, observar los variados avances y las abundancias que producen el huerto del pensamiento que pasado por sus manos amorosas y directivas ha gustado cultivar. Me temo que todo tiempo pasado fue mejor, nuestras mentes no estaban invadidas por la envidia, ni lastimadas por el vicio que causa toxicidad y desluce a algunos jóvenes actuales. Los consejos se desarrollaban dando los lozanos frutos perseguidos de promisorias esperanzas, sumados de alegrías y de esplendores estimulantes. Aún no contamos con las poderosas armas que impidan la entrada del vicio a baldar los cerebros incipientes fácilmente malogrados y vulnerados por los tentáculos escalofriantes y alucinantes.
La juventud es esperanza, piedra angular y singular de todo país en vías de desarrollo, recurso robustecedor, prometedor, arquitecta de proyectos visionarios. En asombroso despliegue de energías, el joven abre con inusitada avidez las vías, sin vacilación alguna, amenazando continuamente el porvenir, seguro de sus éxitos culminantes. Si es vicioso eximido será, en consecuencias, no podrá sumarse al séquito selecto, pléyade de emprendedores impresionantes, cazadores de estrellas titilantes y de quimeras que consternan. ¡Que agrado me da el escuchar a un bisoño hablar con bríos palpitantes! Recuerdo a mi ya alejada adolescencia, arrinconada y acalorada de extrañas inconformidades, vivificantes, coronada de angustias inexplicables. No se por qué son incomprendidos los inapreciables baluartes que aprovechan su tiempo estudiando, pletóricos de ambiciones confesables en voz alta. Tenemos que acércanos a ellos para que nos expliquen sus clamores.