A pocos días de celebrarse las festividades Patrias, pocos son los comercios, hogares e incluso instituciones, que han adornado sus estructuras con motivos relativos a la fecha.
Un país vive de los buenos ejemplos. Las iniciativas desarrolladas por los próceres en noviembre de 1903, son hechos que sirven para enseñar a la población, sobre todo a la juventud, en torno al amor que se le debe dispensar al suelo que nos vio nacer.
Usted camina por las diferentes avenidas comerciales de la capital y observa a la mayoría de los almacenes con un despliegue de calabazas, máscaras y disfraces, como fórmula para mercader el Halloween o Fiesta de Brujas.
Son pocos los lugares que han colocado en sus vitrinas alegorías relativas a las fiestas patrias. Señores hay que enaltecer a los símbolos de nuestra nación.
Esa gente que de una u otra forma se arriesgó para lograr la separación de Colombia, merece los honores de todas las generaciones, e igual sucede con nuestros símbolos patrios.
En estos días en que usted escucha que las pandillas se toman las calles de Colón y Panamá, hay que promover los buenos ejemplos y no hay nada mejor para ello que resaltar a esa gente llena de patriotismo, que nos hizo nacer como República.
A veces algunos cuestionan a los adultos que ingresan a las llamadas Bandas Independientes para desfilar el 3 y 4 de noviembre, pero esa es su forma de rendirle homenaje a la nación y prefiero verlos en eso, que dedicados a actos delictivos.