Su pequeña figura ya no no refleja la alegría a la que nos tenía acostumbrados; en los pasillos del Hotel Terraza, sede de concentración de la selección de Panamá, se encuentra el diminuto delantero Armando Polo, uno de los jóvenes valores del balompié local, que no ha gozado de muchos minutos en el torneo Sub-17 que hoy llega a su fin en El Salvador.
Sus goles los lleva grabados en la mente. Ha sido máximo artillero a nivel colegial con el Gastón Faraudo P. y en la selección prejuvenil fue un referente en los partidos de fogueos. Recuerda que comenzó desde los tres años de la mano de su abuelo Armando Aguilar, con el Club Don Bosco, jugó distritorial hasta que cumplió 14 años y a esa edad pasó a las filas del Chepo F.C., donde ha sido un bastión en la delantera.
Vive en calle segunda, en el barrio de Boca La Caja, cerca del centro de salud del lugar. Allí reside junto a sus hermanos Yatdania, Walter y Yadira Aguilar y sus padres Walter Meza y Yayi Aguilar. Sueña con saltar a un fútbol profesional y llegar a Europa, su gran meta por cumplir.
"Estoy esperando que el técnico me dé la oportunidad para así realizar mi fútbol", señaló el muchacho con algo de nostalgia sentado en una de las sillas del hotel.