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Policías con la enorme responsabilidad de proteger la frontera con Colombia

Panamá
AP
Son jóvenes, recelosos y acostumbrados al ambiente de la capital. Ahora, con armas pesadas sobre sus hombros y en posición de combate, tienen la misión de velar por la seguridad panameña en la frontera con Colombia. Panamá, que eliminó su ejército a comienzos de la década pasada y dijo adiós a las tropas estadounidenses en 1999, encomendó a estos policías la tarea de proteger los poblados limítrofes ante las incursiones y ataques de grupos irregulares colombianos. ``Con los policías que tenemos y los equipos con que se cuenta, Panamá defenderá a sus ciudadanos y su soberanía'', dijo en la víspera una desafiante presidenta Mireya Moscoso, descartando que vaya a acudir a fuerzas de seguridad extranjeras. El feroz ataque del domingo de un grupo armado colombiano no identificado contra esta comunidad de 450 indígenas emberás atizó la vieja discusión sobre si este pequeño país puede cuidarse por sí sólo ante un conflicto armado tan viejo y cercano como el de Colombia. El ataque, que causó la muerte de una niña de 11 años e hirió a 12, dejó al descubierto cierta vulnerabilidad de la policía local, aunque esta respondió a los agresores y los obligó a replegarse. Panamá, con una fuerza pública de unos 13.000 hombres, sólo tiene apostado en la selvática provincia de Darién alrededor de un millar de policías, con cierto entrenamiento en la selva y con insuficiente armamento para encarar una fuerte incursión de grupos irregulares colombianos, dicen los expertos. El otrora ejército panameño, que tenía incluso un pacto de no agresión con los subversivos colombianos, fue eliminado de la constitución poco después de que sufrió fuertes daños a raíz de la invasión de Estados Unidos en 1989. Las autoridades y sectores del país rechazan la idea de militarizar a los organismos de seguridad ante la zozobra que vive Nazareth y otros pueblos de Darién y la Comarca de San Blas por la presencia de los grupos irregulares colombianos. El gobierno dejó claro que seguirá apostando en su policía, y el martes, aprobó una partida por 3 millones de dólares para equiparla mejor. También optó por redoblar la vigilancia policial, sobretodo en Nazareth y las aldeas aledañas situadas a lo largo de las riberas del Río Chico, considerado ahora como ``zona roja'' o de riesgo. ``No es una tarea fácil'', confió a la AP un joven policía que pidió no ser identificado por seguridad. ``Esta es una zona muy montañosa y oscura y cualquier grupo te puede atacar con facilidad''. Pero ``vamos a defender a los pobladores'', agregó el policía, con un rifle sobre su hombro, cartuchos de balas y cantimplora en su cintura. Los policías han tenido que colocar trincheras con la ayuda de los pobladores, a fin de defenderse ante la posibilidad de nuevas incursiones. Los lugareños también cortaron la maleza y tallos de plátano alrededor de la aldea de Nazareth para permitirle mejor la visibilidad a la policía en caso de que se acerquen los hombres armados, que aún no se sabe a ciencia cierta si son guerrilleros, paramilitares o delincuentes comunes.
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