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¡Morón! Ese fue el calificativo con que uno de los panelistas en el programa, “Encontremos soluciones”, que dirige el valiente periodista, Licdo. Julio Miller, etiquetó al presidente venezolano, Hugo Chávez. Tal vez semejante expresión no hubiera tenido ninguna relevancia para mí, si hubiese sido -pronunciado por una persona con menos preparación que el que la profirió, pero saliendo de boca de un profesional como lo es el Dr. Fábrega, un prominente analista político de nuestro patio, ello resulta un bocado muy difícil de tragar, si tomamos en cuenta que “morón” significa: tonto, idiota (con toda la secuela de sinónimos que le caben...), y de seguro que el presidente Hugo Chávez no es ni tonto ni idiota. Afortunadamente, sin embargo, y gracias al sociólogo Marcos Gandásegui, también presente en la mesa ese día, el Dr. Fábrega se retractó y pidió disculpas, de esas disculpas comparables en aquellas situaciones cuando voluntariamente uno no quiere, pero tiene que firmar en “desacuerdo” porque el documento debe seguir su curso.
El otro lado de esta anécdota, va en dirección de lo que está ocurriendo en el mundo político actual, donde los políticos - o simple s dirigentes - con tendencia hacia ideologías de centro-izquierda, o de izquierda, tienen temblando a aquellos que se dicen, o se identifican, ser de derecha, o de centro-derecha, o sea, capitalistas rebuscones. Así, durante el desarrollo del referido programa, del día jueves 10 de octubre de 2002, quedo extasiado con las muchas otras cosas que allí se estaban diciendo, respecto de ese movimiento ideológico que, dicho sea de paso, también se dijo que las ideologías (o luchas ideológicas), “eran cosas del pasado”, porque los partidos políticos de hoy se afincan es en el “clientelismo” - como en el programa se dijo -, respecto de los adherentes, o sea, invertir dinero para someter mentes (léase comprar conciencias). Si esto fuera cierto - y estoy seguro que no lo es - entonces no tendría sentido celebrar elecciones, puesto que el poder económico podría (o sentir que pueda) situarse por encima de la parte ideológica de la población votante, para sustituirla con promesas inalcanzables, por irrealizables, concepto este que cerraría el denigrante círculo de ese mal nacido dicho que reza, “...Cuanto tienes, cuanto vales... nada tienes, nada vales...”. Con razón que poco a poco están apareciendo dirigentes que como Lula en Brasil, y el profesor Berríos en Panamá, se muestran dispuestos a retomar, para revivir, la bandera de la lucha por una genuina y funcional justicia social. No por eso ahora voy a gritar, ¡Viva Lula!, ni ¡Viva Berríos!, pero sí me voy a ubicar al lado, y del lado, de todos aquéllos que, como yo, tenemos que demostrar que no somos ni morones ni borregos dispuestos a renunciar a nuestra libertad de conciencia, a trueque de un poco de diario bazofia. |