Toda juventud es rebelde de por si. Durante toda la historia republicana los estudiantes han desarrollado jornadas de protestas, incluso han ofrendado sus vidas en algunas de esa protestas.
Sin embargo, en los últimos días, algunos estudiantes han desvirtuado las manifestaciones.
Hablamos del caso concreto de alumnos del colegio Artes y Oficio, que incluso han atacado a profesores y sus propios compañeros de plantel.
Es comprensible la protesta contra la injusta intención de los transportistas de cobrarles una tarifa de adulto al estudiantado, pero lo que no se puede justificar que los alumnos no respeten a sus propios docentes que los forman en las aulas de clases.
El jueves se produjo algo insólito. El director del Artes tuvo que pedir el auxilio de los antimotines para controlar a un grupo de jóvenes, que no respetaban nada ni a nadie.
No hay que desvirtuar la lucha popular, para incurrir en la maleantería y vandalismo. Ese tipo de comportamiento, también pone en entredicho la propia educación que reciben esos estudiantes en sus hogares. Cómo es posible que un padre no pueda corregir a sus propios hijos y más
bien se convierten en cómplices de ese tipo de acciones vandálicas. Luego cuando esos chicos se convierten en adultos e incurren en hechos delictivos, nos preguntamos porqué sucedió eso. La culpa es de los padres que no corrigen a tiempo a sus hijos.