No hemos encontrado registros ciertos que los grupos precolombinos istmeños, tuvieran tantos huevos a su disposición, como los tienen algunos sectores de nuestra muy desvergonzada sociedad moderna. Existen relatos coloniales que aquí se comían las ancas de rana con huevos, pero luego se descubrió que se trataba de pixvaes sancochados.
Históricamente Panamá no ha tenido suficientes huevos como aparenta, casi todos los han traído las huestes extranjeras, pero hoy en día, la cosa ha cambiado pues existe una oferta muy grande de huevos para la deprimida demanda panameña, aún así han aparecido otras clases de posturas, hace 21 años los de codorniz y 20 los antojos masivos por los de tortugas.
La abundancia de huevos que campea soberanamente, creo que está provocando daños trascendentales para la estabilidad del país, sobre todo en los últimos años, es tal la sobreoferta, que usted para darse cuenta de ello, nada más tendría que apreciar la frescura con que hablan algunos políticos y trasladarse mentalmente a las despensas de los comisariatos y comentará para sus adentros: ¡Mucho huevo! Pero es que aviesos de este país basan su fascinación mágica por los huevos en cócteles y ensaladas elegantes y a la falsa propiedad afrodisíaca que sus vendedores les atribuyen.
Yo mismo considero que esta cacareada condición, que oprime al pueblo panameño, por la actual abundancia de huevos, hará que la historia panameña se repita en espirales, ocasionándonos nuevamente posibles tragedias como: dictaduras, precarismo y atraso. Lo digo porque una amiga mía, muy comelona de huevos, se estragó de ellos, pero sus efectos en vez de beneficiarla, la pusieron a vomitar tres días seguidos y a divagar en alucinaciones pendejas que a nadie interesan como: Las coimas de Panama Ports, la actual mortalidad por diarrea de los niños menores de cinco años, que la cobertura de vacunación nacional disminuyó en el 2005, que la nefasta reforma de la Ley 17, que la estancada iniciativa tributaria. En fin, la mujer no se ha recuperado de la huevera que se permitió y sus inocentes familiares ni se preocupan y se defienden diciendo que no es la primera ni será la última que se vuelve loca por exceso de huevos.