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El rastreo ha comenzado. Todas las fuerzas armadas y de seguridad del mundo buscan a un solo hombre: Osama Bin Laden, el multimillonario saudita islámico acusado por realizar la cadena de ataques suicidas que concluyeron en la destrucción de edificios famosos en Nueva York y Washington. Hasta hace seis días, el gobierno fundamentalista Talibán anunció que el terrorista se encuentra "bajo su custodia, fuertemente vigilado y protegido". A mejor entender, debe estar en el más seguro "búnker" de Afganistán, en las elevadas montañas nevadas del Pamir.
Pero, algo queda en la mente. Imaginemos que las tropas estadounidenses invadan Afganistán. Por supuesto, las ciudades de Khandahar, Kabul y Jalalabad serían bombardeadas y controladas en pocos días. Los aeropuertos destruidos, los centros de entrenamiento de terroristas diezmados. El poder aéreo de Estados Unidos sería completo y los pocos migs rusos de los talibanes serían abatidos. Todo hasta aquí está bien. Luego vendría el gran problema: ¿Dónde diablos está el Frente "Al-Qaeda" y Osama Bin Laden?
Si la invasión americana comenzara en octubre, para diciembre se verían rodeados de campos nevados. El invierno llegaría y el frente afgano se transformaría en un matadero. Sí, puede que logren imponer su superioridad armamentista, pero Washington jamás podrá con medio millón de guerrilleros talibanes acosándolos por todos lados. Entonces, no quedará otra opción que usar las armas de destrucción masivas como las bombas nucleares, las armas biológicas y químicas.
Desde el 11 de septiembre, mucho se teme una venganza desmedida de Estados Unidos, algo que pueda conllevar al uso de artefactos atómicos tácticos en Afganistán. George Bush Junior, sobrecogido en la vorágine de la tragedia en el World Trade Center y el Pentágono, dijo que "Usaría todos los medios disponibles para ganar la cruzada contra el terrorismo". No hay que ser un experto graduado en Harvard para ver ese sentimiento de temor. Ya un millón de afganos han escuchado los rumores de la posible agresión norteamericana y se han unido a otros tres millones de refugiados que escapan de las locuras de los ulemas talibanes.
Las fuerzas estadounidenses cuentan desde 1975 con sistemas móviles de lanzadores de misiles balísticos (MRLB), artillería ligera con ojivas nucleares y hasta misiles cruceros "TOMAHAWK" con cabezas atómicas cercanas a los 50 kilotones. Por ejemplo, un ataque a los "búnkers" fortificados del Frente "Al Qaeda" en las cordilleras de Hindú Kush y Pamir, puede ser el siguiente objetivo de un arma nuclear de pequeña potencia. Algo semejante no se ha realizado desde la caída de dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.
La desesperación de acabar con los guerrilleros talibán y la posible resistencia en el terreno, tentaría al comando norteamericano a pensar más de una vez, a usar un arma apocalíptica. De todos modos, ya Afganistán está destruido. Tanto Kabul, las otras grandes ciudades afganas y miles de poblados, están en ruinas por veintisiete años de guerras continuas, la invasión soviética entre 1979 y 1989, además de las masacres constantes que efectúan los fanáticos estudiantes del talibán contra los que no cumplen al pie de la letra la Ley de Mahoma. Ay de los niños y mujeres pobres de ese país, pues el terrible castigo que sobreviene para Afganistán será monstruoso. |