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En Jocotan, en lo que va del año, autoridades locales calculan 123 fallecidos por enfermedades derivadas de la desnutrición. Foto:AP  |
Los indígenas chortí, que subsisten hoy merced a la ayuda que les llega como consecuencia de la falta de lluvias, temen que la sequía se prolongue y cese esa asistencia, que les ha ayudado a paliar la pobreza en que viven. En esa área, en lo que va del año, autoridades locales calculan 123 fallecidos por enfermedades derivadas de la desnutrición.
"Aquí se vive de sufrimiento", afirma Daniel Mansilla, un indígena chortí que caminaba por una vereda de piedras que recorre una ladera en la que se asienta la aldea Roblarcito de Olopa, Chiquimula, en la zona fronteriza con Honduras. La vereda desemboca en una choza con techo de paja y paredes de palos, donde vive Cristina Pérez, su hija y 6 nietos.
En un costal de nylon colgado a manera de hamaca yace su nieto más pequeño, de 6 meses, que está pálido, con la piel pegada a los huesos y apenas se percibe el rápido palpitar de su pecho. En la choza de Napoleón Gutiérrez la situación no es diferente. El más pequeño de sus 6 hijos, de un año, está recluido desde el 10 de septiembre en el dispensario de una comunidad vecina. Se lo llevaron porque "estaba bien delgadito", describe.
En ambos lugares se aprecian en las esquinas costales con frijol y maíz y latas de aceite que han sido repartidos por el gobierno y organizaciones humanitarias para aplacar el hambre que abate esa región.
"Por los menos 94 personas han muerto en Olopa...el 80% son niños", asegura el alcalde Oscar Guevara, al explicar las consecuencias que acarrea la desnutrición.
Nueve más han muerto en el dispensario por la misma causa, según la doctora Yadira Escobar. "Ya venían muy enfermos", señaló. Escobar sostiene, convencida, que otros han muerto en sus ranchos dispersos en las montañas. La pobreza no es nueva en el país, en donde por lo menos el 86% de la población subsiste con ingresos menores a un dólar diario, pero se ha agudizado por la sequía y el desempleo derivado de los bajos precios del café.
El Programa Mundial de Alimentos calcula que unos 65.000 guatemaltecos, de todo el país, requieren asistencia alimenticia debido a que sus cultivos de maíz, con los que subsisten, se perdieron por la sequía que duró 4 meses.
Mansilla revela que tiene unos 100 metros cuadrados de tierra sembrada con cafetales que están cargados del grano, pero que el bajo precio del producto le impide contratar "peones" para limpiar sus sembradíos y menos para cortar el café.
Gutiérrez explica que en su terreno cosecha 8 quintales de maíz al año, que alcanzan para alimentar a su familia por 4 meses, y trabaja en los cafetales para subsistir el resto del año, pero ahora no ha encontrado trabajo.
Esta historia se repite en la mayoría de las precarias chozas de la región: no hay comida ni trabajo. Audelia Ramírez cuenta que la cosecha de maíz fue "ruin" por la falta de lluvias y por eso solo comen 2 veces diarias lo que encuentran en la montaña, que regularmente son guineos, una especie de banano silvestre, y un tubérculo llamado malanga.
La mayoría de comunidades de Olopa y Jocotán han recibido asistencia alimentaria estatal y de organizaciones privadas con lo que alivian el hambre, pero están conscientes que esto no resolverá su situación. "Que nos den palas, azadones y piochas para trabajar, porque la ayuda se acaba, pero las ganas de trabajar no", dijo Mansilla. |