La historia reciente de la capital panameña, ha tenido pocos convencidos de que el éxito de la alcaldía se circunscribe en fortalecer el atractivo nacional e internacional de la ciudad más bella de Centroamérica y el Caribe, combatiendo la inepcia, que cunde más allá y más arriba de nuestras queridas torres vetustas y lejanas.
El olor a "pescao" frito de San Felipe, ha tenido en ese despacho: Alcoholitos, cojos, lagartos, brujas, mancos y hasta pajaritos. Todos ellos sin excepción fueron: "Lame botas", pues escalaron cuando en Panamá se necesitaba serlo si querías sobrevivir con los forzudos que todos sabemos, con todo y eso, el "Fat" a pesar de su envidiable lengua jamás lo fue.
El gordo es rescatable, pero con un presupuesto de 90 millones de dólares, ¡no!, todo se va en sueldos, y en pendejadas, pero que no cambie ese status, porque es la parte más frágil del costo de su aprendizaje y no podrá salir como un grandes ligas de ese diamante.
El "Gurdus", es capaz y debe meter el acelerador a punta de contribuciones, eso sí, solamente para desayunos y almuerzos en las escuelas públicas y en la limpieza extrema de la ciudad. Los otros problemas como seguridad, viviendas, desfiles navideños, abnegadas prostitutas y empleos, dejarlos a otros zapateros del entorno, que ríen agachaditos.
El gordo distrital debe encaramarse ya, en los lomos de la cínica hembra del Aedes Aegipty (que es la que pone los 90 huevecillos de una sola agachada) y bailará felizmente los 5 años.
Me pidieron en el programa Radial Naturaleza, renunciar a la presidencia de los "ayomberos" por culpa del hilarante grito de "Ayombeeee", que pega el peso completo cuando se le avinagra la corva en los tamboritos sancochables.
Le ruego a mi copartidario que se valga de la salida que inventó Don Bares para la prensa: "Estamos trabajando en eso". Yo, que me he divertido corrigiendo horrores ortográficos y situaciones penosas en los municipios de Panamá y San Miguelito, les aseguro en seco, que el gordo es rescatable hasta en un 99 por ciento.