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EU dio la espalda a golpista

Carlos Estrada Aguilar ([email protected]) | Crítica en Línea

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Parte de guerra.

Para el coronel en retiro, Roberto Díaz Herrera, la insubordinación contra el general Manuel Antonio Noriega, el 3 de octubre de 1989, que produjo la masacre de Moisés Giroldi y otros 10 oficiales, se ha recordado de un modo superficial y localista, sin un análisis geopolítico.

Según el militar, Noriega tenía la experiencia del intento de golpe de Estado del 16 de marzo de 1988 que encabezó Leonidas Macías y varios oficiales de rangos medios, por lo que tomó medidas de control, espionaje y filtración interno más férreas.

Sostuvo que la nueva rebelión armada de Girolid y otros confió ciegamente en el jefe del Ejército Sur, general Marc Cisneros y el segundo de la embajada norteamericana John Maisto, quienes sin duda estaban enterados de los hechos y veían con encanto el plan de sacar a Noriega, pero querían que éste saliera muerto del cuartel.

¿La razón? Según Díaz Herrera, para los oficiales estadounidenses era atractiva la idea de zafarse de un dictador que ya repudiaba el gobierno Republicano y que en ese momento estaba "medio noqueado mediáticamente en el Congreso de Washington" por sus denuncias que recorrieron en el mundo.

Manifestó que el hecho que los golpistas intentaran mandarle a Noriega con vida, constituía un grave problema porque con ello ni Cisneros ni Maisto tendrían los argumentos de sustento ante el Congreso y la comunidad internacional, para justificar apresar a un dictador, que a pesar de todo era "Jefe de Estado" a nivel constitucional, aunque fuese narcotraficante y criminal.

El Coronel en retiro dijo que si bien es cierto que George Bush, padre, le asqueaba la amistad con Noriega, también compartía con el general panameño muchos secretos que le estallarían en la cara a la Casa Blanca, como por ejemplo, que semanas antes de la invasión, el gobierno de Bush seguía negociando la renuncia de Noriega y hasta le proponía dejarlo ir con sus millones y sin condenas que pagar.

Señaló que por su experiencia de 1988, el conocimiento anticipado de la rebelión por una docena de criollos y de estadounidenses y la falta de un análisis geopolítico, la movilización perdió una de las reglas clásicas de las "leyes de guerra": la sorpresa.

"En mi caso, sabía que luego de fallarme un alzamiento militar, en septiembre de 1985, sólo podía dirigir una guerra mediática que la realicé con total éxito: la degradación pública que hice contra la imagen de Noriega", detalló.



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