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CUARTILLAS
Diversos
 
Milciades A. Ortiz Jr.
Colaborador
Hace años un menor de edad era el terror de las casas en San Francisco de la Caleta. Se robaba cuanto estuviera a su alcance. Y no siempre eran cosas pequeñas, porque se llevó varios juegos de muebles de terraza, de metal. Una dama lo denunció a la corregiduría, donde le informaron que había varios casos contra el menor... Pero, no podían hacerle nada porque era menor de edad y lo soltaban de una vez. Pasaron los años y el ladronzuelo se hizo hombre. ¿Saben dónde lo vio la dama afectada? Nada menos que convertido en flamante Guardia de Seguridad de una empresa privada, llevando al cinto tremendo pistolón. La dama quedó asustada, porque el antiguo delincuente juvenil se le sonrió en la cara, con cinismo y desfachatez. La dama me dijo que ella cree que ese sujeto ahora hará los robos con mucho éxito, pues es Guardia de Seguridad privada. O sea, que metieron al "zorro dentro del gallinero". Este caso que estoy casi seguro que no es único, indica la necesidad de controles más estrictos en la selección del personal de Guardia de Seguridad. Ahora la dama ha gastado miles de balboas en rejas para cuidar su casa. Vivir en condominios a veces no es nada agradable. Todo depende de los vecinos. Y como una manzana podrida daña la caja, se conocen casos de tremendos problemas que ocurren en edificios de condominios. El último que me enteré ocurrió hace poco en un fin de semana. Resulta que es común que, por no poder ser vendidos todos los departamentos, entonces se alquilan algunos del condominio. Claro que los inquilinos no sienten como suyo el edificio, porque están de paso, por poco tiempo. Uno de esos inquilinos de un edificio ubicado cerca del Centro Comercial de la Tumba Muerto, pidió permiso para "hacer una fiesta" estudiantil, de dos salones de clases de su hijo. En realidad lo que montaron fue un negocio redondo: por seis balboas los jóvenes tendrían "open bar" toda la noche. La voz se regó en el costoso colegio particular. Y en la noche llegaron chiquillos a montones, que los organizadores acogieron con beneplácito, pues tuvieron que vender entradas extras. Pero, se formó el desorden porque no fueron ciento cincuenta los que llegaron, sino más de trescientos. Los ascensores no podían ser usados por los dueños de departamentos, hubo bulla y escándalo, los autos de los jóvenes molestaron a negocios vecinos, etc. Se llamó a la Policía y llegaron cuatro radio patrullas y un bus para recoger a los menores de edad, quienes estaban bebidos, a pesar que esos nos es correcto ni legal. Tremenda desbandada se formó pues los chiquillos huyeron. Pienso que hay que ser más estrictos en los condominios con estas fiestas "estudiantiles". Y los adultos que las organizan, o las respaldan, deben recibir alguna sanción. Esto sería civilizado y justo. Recibí atenta nota de Otilia Vera, desde Pedasí, provincia de Los Santos. Ella dice que está "totalmente de acuerdo con sus apreciaciones, muy bien fundamentadas y es la verdadera realidad, al menos en nuestra campiña interiorana". Se refiere Otilia Vera a mi columna sobre la supuesta existencia de ochocientos mil campesinos panameños, quienes sufren hambre. Dije el dieciocho de septiembre, que no creía en esos informes de expertos. Y si ello era cierto, es absurdo que el hombre del campo se muera de hambre, cuando la tierra panameña da muchos alimentos. Sostengo que algunos campesinos nuestros son flojos, sin iniciativa; que no quieren "agachar el lomo" para sembrar comida. Aunque debo admitir que, como me dijo un médico hace años, a veces enfermedades como el contagio de uncinarias, deja sin energías al hombre del campo. ¡Hay que trabajar duro en el campo y las ciudades para prosperar! Pero morirse de hambre un campesino, es un absurdo y deja mal parados a algunos campesinos panameños.
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