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EDITORIAL
Partidas circuitales
La intención del Ejecutivo de eliminar las partidas circuitales ha generado molestias en legisladores tanto del oficialismo como de la oposición. Aunque hay que reconocer que los legisladores del actual período han realizado esfuerzos para prevenir que esos fondos sean focos de escándalos, tal como fueron en el pasado, no hay que olvidar que los legisladores no fueron elegidos para hacer obras, eso le corresponde al Ejecutivo.
Además las partidas circuitales representan una ventaja para la reelección de muchos legisladores. Es difícil que durante una campaña electoral un político nuevo pueda vencer a un integrante de la Asamblea, que tiene a su favor el elemento propagandístico que representa la ejecución de obras con las partidas circuitales.
Las partidas surgieron en 1985 y antes que la anterior Asamblea Legislativa concluyera su mandato, la entonces bancada oficialista del PRD reformó el Reglamento Interno de la Cámara para ponerlas bajo el control de los legisladores.
La ejecución de obras no es una tarea de la Asamblea Legislativa, esa es una competencia de los ministerios y entidades. Como principio hay que reconocer que las partidas circuitales son una distorsión de las funciones que corresponden a los diferentes órganos del Estado.
Por la propia salud de la Asamblea, lo más adecuado es eliminar dichas partidas, pero hay que establecer un mecanismo para que los legisladores puedan gestionar ante los ministerios y entidades las obras que necesitan las comunidades que representan. La Asamblea Legislativa se quita el morbo de encima si opta por renunciar a dichas partidas, pero los que ostentan el poder también deben entender que no se le puede bloquear los proyectos comunitarios a los legisladores opositores.
Nuestra clase política debe superar ese enanismo que los caracteriza. Hay que acabar con esa práctica de utilizar el chantaje económico y político para tratar de influir en las decisiones de los que ostentan el poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
Pero aparte de la eliminación de las partidas circuitales, también se deben recortar otros gastos del Ejecutivo. Sin tiempos de crisis, ya la era de las vacas gordas pasó. Estamos ante momentos muy serios y es mejor amarrarse con anticipación el cinturón, antes de que no existan fondos para cubrir los compromisos más apremiantes del Estado.
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PUNTO CRITICO |
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