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Amina Lawal, una mujer nigeriana que cuyo pecado fue haber dado a luz a una hija fuera del matrimonio, fue objeto de la peor humillación y discriminación de una sociedad arcaica basada en el más anticuado concepto del islám fundamentalista, al ser declarada adúltera y condenada a la lapidación.
Ayer, la corte tribal nigeriana que estudiaba su caso, la exoneró de la supuesta violación a la ley islámica, pues para efectos de la norma religiosa una mujer no puede tener hijos con otro hombre fuera del matrimonio original.
Es un gran triunfo para la lucha de la igualdad humana y de la libertad civil el hecho de que se le permita a esta humilde mujer africana vivir. ¿Y que hubiera sido de la hija de dos años que todavía amamanta si Lamina hubiera sido ejecutada con piedras por una turba?
Jamás el profeta Mahoma hubiera tratado así a sus esposas. El error de muchos es basar sus conceptos en lo que dice taxativamente la escritura y no su significado. Incluso el profeta del Islám dudó de hacer caso a las revelaciones del Arcángel Gabriel y fue su mujer la que le exigió creer en la palabra divina.
Hombres y mujeres somos iguales ante Dios y la ley. Matar a alguien porque dio a luz a una hermosa niña, significa no tolerar la voluntad del Creador, de permitir que la vida prospere. |