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Guararé, en la provincia de Los Santos, vistió sus mejores galas el pasado fin de semana, cuando decenas de conjuntos folclóricos se dieron cita para participar de los diversos torneos que en esa región se llevaron a cabo.
Es impresionante la gran cantidad de niños que desde muy temprano participan de estas actividades. Este diario supo de uno que es prácticamente un bebé, y que ya baila tamborito como un profesional. Ha estado practicando desde sus primeros años de vida y su afición está tan exaltada que su madre está preocupada porque no cuenta con el dinero para que el chiquillo siga estudiando las tradiciones, ya que su sueño es ser profesor de folclor. Todo lo que ese niño demostró que sabe, lo aprendió en su casa, donde se vive a diario.
En la ciudad, sin embargo, nada de eso se vive. Acá un tamborito, un punto, los acordes del acordeón y el repique del tambor, son elementos exóticos que se ven de vez en cuando, y que prácticamente se desconocen. Nuestros muchachos son ajenos a todas esas prácticas autóctonas y que nos hacen ser diferentes a todas las naciones del mundo.
El panameño debe aprender sus tradiciones y pasarlas como una herencia preciosa a su descendencia. Solo así preservaremos la cultura nacional, tan abatida por las influencias de culturas extrañas y violentas. |