Cada cierto tiempo en Panamá se captura a un gran capo colombiano del narcotráfico. Se incautan fondos, inmuebles y a los mandos medios de la organización, pero casi nunca caen los llamados delincuentes de cuello blanco que lavan ese dinero sucio.
A pesar de existir leyes para prevenir el blanqueo de capitales y normas bancarias para conocer a su cliente, cada año se produce un escándalo sobre el uso de nuestro sistema financiero para legitimar dinero sucio.
Al común de los panameños se le exige de todo para abrir una cuenta bancaria, pero en cambio elementos sospechosos colocan depósitos millonarios sin ningún tipo de contratiempos y cuando se descubren esas transacciones, el brazo de la justicia sólo llega al decomiso de los dineros, pero no profundiza las investigaciones sobre los que permitieron esas operaciones.
Al capo cabecilla de la cocaína y del dinero producto de ese negocio criminal se le detiene y procesa, pero a los que facilitan el blanqueo pocas veces se le investiga.
Mientras no se sancione fuertemente a los establecimientos que facilitan ese tipo de operaciones, Panamá será tierra fértil para el lavado de dinero y las leyes sobre la materia quedarán en letra muerta.