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No hay manera que las autoridades sanitarias y de ornato en la ciudad de Panamá, léase Alcaldía y Ministerio de Salud, obliguen a los propietarios de un lote en Calle 50, a cerrar un tremendo hoyo en la tierra, repleto de agua sucia y mosquitos, donde se tenía programado levantar un edificio. Antes, se ha armado un berrinche en los medios de comunicación, en donde los funcionarios, instituciones y las empresas, se tiran la bola unos a otros.
Sin lugar a dudas nos encontramos frente a un hecho donde el interés particular de una persona o empresa ha sido colocado por encima de la seguridad y la salud de los vecinos y peatones, sin que se tomen los correctivos y se apliquen las leyes que sobre la materia existen.
Es casi increíble que un conflicto tan simple haya obligado a recurrir hasta la Defensoría del Pueblo, sin que se vean resultados en la aplicación de la ley.
Son muchas las empresas que en situaciones similares, y aún menos complejas, han sido multadas y obligadas a subsanar ese tipo de anomalías.
En el más apartado caserío de nuestra campiña, cualquier corregidor está facultado para imponer multas y condenar a los propietarios a limpiar sus terrenos, máxime cuando se ve afectada la comunidad.
He visto personas humildes que por tener en su lote una botella rota o cualquier lata vieja, han sido multadas con toda justificación, debido al peligro de contaminación del mosquito aedes aegipty. |