Bueno, bueno, después de tres meses hospitalizado (6 semanas en el Complejo Metropolitano de la Caja no tan "segurosa" y seis semanas en el Hospital Punta Pacífica) y pasar por un infarto al miocardio, una trombosis cerebral y cuatro bypass, empiezo lenta y paulatinamente a recuperarme.
Por cierto, todo comenzó el sábado 12 de junio cuando mi compadre y cardiólogo Abdiel Rodríguez-Puga me llevó a Urgencia del Complejo donde se me detectó un infarto, y luego de mi aprobación a un delicado tratamiento, me llevaron a la Sala de Choque donde me estabilizaron trasladándome a Cuidados Intensivos.
De paso, estuve allí unos días y por necesidad de cama me enviaron a la Sala de Cardiología. Debían hacerme un cateterismo, pero en la Sala de Cardiología sólo se efectúan los jueves y se debe esperar turno, no te vayas a morir mientras.
Resulta que sólo hay dos cirujanos para ello, porque el sanllorón no quiere pagar lo adecuado y los médicos se van a la práctica privada. Total, me imagino que para él vale más una computadora que una vida, ¿o no?
Resonancia magnética igual, sólo los martes y a hacer turno.
Afortunadamente me trasladé a Punta Pacífica, pues estando allí me dio una trombosis cerebral y el Dr. Nelson Novarro debió aplicarme un delicado tratamiento que vale $3 mil. Yo había perdido la movilidad del lado izquierdo y prácticamente el habla. Si hubiese estado en el Complejo no sé qué hubiese sucedido, porque sanllorón considera que el tratamiento es muy caro y no hay ese medicamento.
Quiero agradecer al presidente Martinelli, por su oportuno apoyo, a mi amigo monseñor Crestar Durán por su fortaleza espiritual y dedicarme el día de mi operación su misa de 50 años de sarcedocio, a mi compadre Abdiel, su esposa Mayela y su hija Mayelita (que es mi ahijada) por su constancia, a Maribel Saldaña por su dedicación y cuidados, al personal del Complejo y del Hospital Punta Pacífica y el excelente equipo de profesionales, presididos por el cirujano Miguel Guerra, que me sacó a la otra orilla, al ex presidente Pérez-Balladares y al Dr. Sánchez Cárdenas por su preocupación, a familiares y amigos por sus rezos, a Cañita Correa y mis compañeros de KW, en especial Birna y Sheila, así como mi operador de cabina, Pacífico Orozco, a Pritsiola y el combo de Crítica; en fin, a todos quienes estuvieron pendientes de mi estado de salud y sobre todo a Dios por esta nueva oportunidad.