Para los entendidos, el problema del Municipio de Panamá no es la recolección de la basura, sino la pérdida de su papel protagónico en la realidad nacional, resultado de negativas acciones domésticas, más que de movimientos políticos ineficaces.
Las intenciones del ex ministro de Salud, Camilo Alleyne, de privatizar la recolección de los desperdicios, nos parecieron magníficas, pero por razones desconocidas, no pudieron concretarse, lo que dejó en manos de la comuna capitalina un problema que hoy atenta contra la proyección del alcalde.
Bosco Vallarino tiene buena oportunidad de levantar su alicaída imagen, si logra comprender las verdaderas responsabilidades de la alcaldía. No es posible concebir que un municipio cuente con ingentes recursos y sea pobre en realizaciones, incapaz de cumplir con los compromisos para los que fueron elegidos, sobre todo, la recaudación de impuestos que apenas llegó al 10%.
Así mismo, la Alcaldía podría poner en marcha iniciativas a favor de los menesterosos, colaborar con el programa "100 a los 70", para que los adultos mayores puedan recibir orientación sobre la forma en que les favorece invertir estos recursos y en esa misma dirección, construir albergues que permita a los ancianos vivir sus últimos días con una mejor calidad de servicios básicos.
¿Qué otra institución en el distrito capital podría ser la que lleve adelante grandes ferias libres para ayudar a abaratar la canasta básica familiar, proyectos deportivos, tecnológicos y culturales y de la pequeña y mediana empresa, con el apoyo de instituciones que cuentan con presupuesto y que se manifiestan ansiosas de impulsarlos? Solo la Alcaldía y no lo ha hecho ni lo está haciendo.
La Alcaldía capitalina debe convertirse en un eficiente recaudador de impuestos, y debe ser en el gran supervisor de la recolección de la basura, para que se haga bien, como parte de uno de sus principales compromisos.