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EDITORIAL
Mujeres estériles
Como ha ocurrido todo en Panamá -debido al insensato paréntesis político, económico y social que fue la dictadura militar, principalmente en sus años postreros- el tema del control natal llega veinte años tarde.
La idea viene a la Asamblea Legislativa de la mano del ginecólogo-obstetra Daniel Silvera y el legislador perredista Jorge Castro. Ambos dicen estar preocupados por el elevado número de embarazos en adolescentes y de los incontables casos de paternidad irresponsable. Estos dos factores, señalan los interesados, crean un ambiente negativo en el país, donde son muy limitadas las posibilidades de alimentación, vivienda y educación a las familias numerosas. De acuerdo a su planteamiento, aún cuando en Panamá no sufrimos de superpoblación, hay que evitar a toda costa que la nación se llene de mendigos y niños desnutridos.
En consecuencia, pues, se les debe dar a las mujeres la ocasión para que se sometan a una operación que las esterilice, sin importar la edad, y sin que sea necesario la aprobación de su pareja sentimental. Como era de esperarse, la iglesia católica reaccionó en contra de este proyecto, y señaló que lo que se busca "es que el Estado tenga el control de las vidas humanas, cuando esto es un poder único y exclusivo de Dios".
Dicha colisión de planteamientos no es nueva. Como dijimos, llega 20 años tarde a Panamá. Empezó en los países desarrollados y en la década de los noventa echó raíces en América Latina, donde se han establecido grupos como la Coalición Internacional de Mujeres por la Salud (IWCH por sus siglas en inglés); la Red Mundial de Mujeres para los Derechos Reproductivos y la agrupación ISIS Internacional, que tiene sede en Santiago de Chile, así como las norteamericanas "Católicas por el Derecho a Decidir" (CDD), corporación que ha sido repudiada por los obispos estadounidenses, y que tiene oficinas en México, Brasil y Uruguay.
En todos estos países la discusión ha llegado a niveles de combustión, y ambos bandos -quienes defienden el aborto, la esterilización y el uso indiscriminado de anticonceptivos, así como aquellos que se oponen a esto que se ha llamado la "política antivida y antifamilia- no han cesado de atacarse por todos los medios e, incluso, se ha llegado a la violencia.
Esperamos que con este proyecto de esterilización no se desate en el país una lucha intestina que termine de soliviantar los ya enardecidos ánimos en la clase política y la iglesia. Antes de tomar una decisión, se debe analizar cada aspecto con total mesura y cuidado, pensando en el bienestar de las mayorías y, sobre todo, de nuestro más preciado tesoro: la mujer panameña.
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PUNTO CRITICO |
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