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Antes que entrara en vigencia la Ley No. 34, les quitaban las licencias de conducir a los infractores de los reglamentos de tránsito y los conductores eran más reflexivos y mantenían una actitud de 90 por ciento menos agresiva que en la actualidad. Hoy en día, la barbarie mecanizada que maneja buses, taxis y carros particulares, no les importa que los amonesten con boletas hasta cincuenta veces al año, sencillamente porque no les quitan las licencias. Las muertes por accidentes en las carreteras de Panamá, han aumentado entre otras cosas, porque el volumen del parque vehicular ha crecido drásticamente. Dentro del grupo de propietarios de automóviles, existe una masa creciente de conductores muy jóvenes e irresponsables que a no dudarlo son los protagonistas principales de los accidentes. Viejos con experiencia, advierten alarmados que la mayoría de los mozuelos del Panamá de hoy, prefieren un automóvil a un compromiso matrimonial. La insensatez en los conductores, se vio coronada desde el momento en que se determinó no quitarle las licencias de conducir a los transgresores, prueba de ello, son los millones de dólares por cobrar que existen en la Dirección del Tránsito, precisamente porque a los desaforados no les importa que los penalicen, si pueden circular por todo el país libremente, cometiendo crímenes contra la mayoría de los ciudadanos que obra al pie de la ley.
Cualquier abogado que sepa leer y escribir y que por añadidura le quede algo de respeto por este país, debiese elevar un escrito hacia la Asamblea, de manera que se modifique cualquier artículo de la Ley No. 34 agregándose oraciones en castellano, ordenando quitar la licencia de conducir en las dos primeras ocasiones, pero que en la tercera, el castigo sería por determinados años, meses o días. De esta manera, los violadores, no solamente pagarán sus multas, sino que evitaríamos lo que estamos viviendo en las vías a cada momento, principalmente en las horas pico, que es lo más parecido a una anarquía. Los conductores quebrantadores se sienten libres de tomarse los hombros de las calles y carreteras para adelantarse irrespetuosamente a los ciudadanos que conducimos como personas equilibradas.
En un país del tercer mundo como el nuestro, con mucha gente de cuarta y quinta categoría, no se puede poner en vigencia leyes ni reglamentos de países desarrollados y cultos, de manera que debemos quitarles las licencias de conducir a los infractores. |