MUNDO

LIBERTAD DE PRENSA
Otra víctima del 11 de septiembre

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Melbourne
BBC

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Los gobiernos obligaron a los medios de prensa difundir noticias parcializadas.

El veterano periodista australiano Phillip Knightley considera que después de los ataques del 11 de septiembre (11-S), los medios se convirtieron en sólo un peón de los gobiernos para preparar al público para la guerra.

Knightley detecta distintas etapas de "desinformación" en momentos de conflicto y cree que "la primera víctima es la verdad", como dijo el congresista estadounidense Hiram Johnson en 1917. El periodista dialogó con la BBC sobre la situación de los medios occidentales, en el marco de la llamada "guerra contra el terrorismo".

¿Qué cambios ocurrieron en los medios de comunicación desde el fatídico 11 de septiembre? La gente dijo después del 11-S que el mundo cambiaría. Creo que un año después el mundo social no cambió tanto, pero el mundo de los medios ciertamente lo hizo. La libertad de prensa está en peligro, como nunca lo estuvo en otras épocas que yo recuerde.

Está en peligro debido a las necesidades de seguridad nacional que los gobiernos ponen en el tapete. Esa es la excusa. Aseguran que la guerra contra el terrorismo no permite una libertad de prensa, como la que existía antes.

¿Entonces ésta situación es 100% responsabilidad de los gobiernos y no tiene nada que ver con una prensa permisiva? Pienso que ahora se nos dice sólo lo que el gobierno cree que debe decir y por supuesto lo que sirve a su política. Los medios se han transformado "en otro peón más en el juego del poder político para preparar a la gente para la guerra, o para aumentar el apoyo a sus estrategias".

La discrepancia es aplastada con la etiqueta de 'antipatriótica'. Si uno es periodista en Estados Unidos hoy, y no está de acuerdo con la línea de la Administración, se le dice que su deber patriótico es estar a favor y no en contra.

¿Y todo esto ocurre gracias a la guerra o existen otros factores? Ocurre porque los medios se sienten intimidados por los funcionarios del ejecutivo. Las figuras políticas simplemente ignoran las preguntas difíciles.

Los medios son manipulados en una forma que no recuerdo haber visto antes. Si uno toca temas comprometidos en una conferencia de prensa en Washington y en un grado menor en Londres, no es invitado a preguntar en la próxima conferencia. Hay muchas cosas que nos gustaría saber, pero simplemente no nos las comunican.

Por ejemplo, no se permite informar sobre el recorte de los derechos civiles en Occidente. No sabemos quién está todavía preso en EU bajo sospecha de terrorismo. Tenemos una cifra pero no sabemos cuáles son los cargos, sus nombres, dónde están.

No sabemos qué ocurre en Guantánamo. Todavía se interroga a los prisioneros, ¿qué información proveen? ¿Cuánto tiempo permanecerán allí? Tampoco sabemos qué ocurre en Afganistán. El país desapareció en un vacío mediático.

El otro día leía un informe de una periodista que respeto y decía que la situación en ese país "es mucho peor de la imaginada después del conflicto".

Los señores de la guerra regresaron y las mujeres son oprimidas otra vez, en algunas partes. La ayuda internacional prometida no llegó o no es suficiente. ¿Por qué no se dice todo esto? Usted hizo referencia los mitos generados por la prensa o transmitidos a través de ella, con el fin de demonizar a un enemigo. ¿Detecta alguno nuevo desde el 11-S?

Es muy difícil decir pero sin dudas detecto cierta preparación del público en el caso de la posible guerra contra Irak. La prensa aparece llena de declaraciones de disidentes e historias con fuentes muy dudosas. Debemos estar muy alerta para cuestionar estas historias y tratarlas con el cuidado que merecen.

En su búsqueda de apoyo para la guerra, ¿Estarán los gobiernos desinformando en el caso de Irak? Estamos llegando a la etapas de demonización de Saddam Hussein y del pueblo iraquí (Knightley detecta una inicial donde se afirma que no puede haber más diálogo y otra final donde aparecen relatos de atrocidades).

Los gobiernos occidentales se preparan a publicar las que serían las pruebas definitivas de los planes iraquíes para la construcción de armas de destrucción masiva.

Pero, por lo que he visto hasta ahora, esas pruebas serán muy escasas y tendremos que leerlas con mucho cuidado, para ver cuán genuinas y convincentes son.

¿Tuvo tiempo la prensa de reflexionar sobre su papel en Afganistán? ¿Lo hará en el caso iraquí? Los medios occidentales todavía tratan de discernir qué marchó mal en Afganistán. Aún están confundidos por la cantidad de muertes registradas.

Obviamente, será muy difícil cubrir otra guerra tan pronto, sin correr los mismos riesgos y sin cometer los mismos errores.

 

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