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REFLEXIONES
"La experiencia cubana"

Carlos Christian Sánchez
La Vieja Habana, un símbolo histórico de la herencia colonial española en América, es hoy el sitio de una batalla, no por la lucha entre el socialismo y capitalismo, sino para que sus preciados edificios que datan del Siglo XVIII, superen las adversidades climatológicas, la degradación natural y el uso constante. Hermosas casonas, que una vez albergaron a la alta sociedad cubana, ahora son motivo de un denodado esfuerzo por preservarlas, a pesar del bloqueo económico y el paso del tiempo. La isla más grande de las Antillas es un productor agrícola por excelencia. Su producción azucarera es impresionante. Pero debe enfrentar el desgaste de la ecología, aún cuando mucho de su territorio, casi en un 60 por ciento es usado para el sector primario. Milagrosamente, otro plan innovador se aplica en ese paraje caribeño. Cada año Cuba gasta alrededor de 20 millones de dólares comprando madera aserrada, cuando es uno de los pocos países en el mundo que de forma progresiva y estable aumenta su área forestal. Anualmente se registra en sus bosques un crecimiento de 7,5 millones de metros cúbicos, pero apenas pueden extraerse dos. Manteniendo una explotación racional y sostenible podría duplicarse el nivel actual. Dado el resultado de esa primera experiencia, un nuevo acuerdo se firmó para la producción y comercialización de madera aserrada en las entidades de Mayarí, Holguín, que un año después se amplió al resto de las actividades de esa empresa forestal; el café y los vegetales. Estos dos ejemplos de superación, tanto el rescate cultural como las alternativas ecológicas para la agricultura, demuestran un alto grado de desarrollo técnico en dicha sociedad. Unos once millones de personas habitan la isla, gobernada desde 1959 por Fidel Castro, dirigente de una revolución socialista que triunfó sobre una dictadura opresiva. La experiencia cubana ha recibido nuevamente el interés de la comunidad mundial desde el controversial caso del balserito Elián González. ¿Qué motivará a esa masa de gente seguir con un sistema político que unos consideran desfasado, pero que todavía mantiene millones de adeptos en la isla? Una palabra define todo: "Dignidad". Los valores autóctonos, patrios, y la defensa de la identidad nacional, son ejemplos que pocos Estados reciben de sus congéneres. A principios de junio pasado, una revista francesa publicó en forma de síntesis notas tomadas por Federico Mayor Zaragoza, quien fuera Director General de la UNESCO, sobre una conversación sostenida el día 28 de enero del presente año con Fidel Castro, en ocasión de su visita a Cuba con motivo del Segundo Encuentro Internacional de Economistas, efectuado en La Habana. Según el líder caribeño, "Cuba es un país unido y un Partido (el comunista) es el que guía pero no postula ni elige. Los vecinos, reunidos en asambleas abiertas, proponen, postulan y eligen a los delegados de 14.686 circunscripciones, que son la base de nuestro sistema electoral. Ellos constituyen las asambleas de sus respectivos municipios y postulan a los candidatos a las asambleas provinciales y nacional, máximos órganos de poder del Estado en esos niveles, los cuales deben ser electos en votación secreta por más del 50 por ciento de los votos válidos en sus correspondientes jurisdicciones". El socialismo cubano parece contradictorio al hegemónico ejemplo del sistema político democrático que tanto se divulgó en nuestro planeta desde hace tres siglos: La Democracia. Empero, resulta especial esa alternativa de elección popular. Indirectamente, el estilo cubano de elección de sus dirigentes, también parece democrático. Cuidado, mejor aún que el modo de opción pública de funcionarios de alta jerarquía en muchos países latinoamericanos. Fidel Castro viene a Panamá el próximo mes de noviembre, como parte de la enorme delegación de Jefes de Estado y de Gobierno que se reunirá en la capital istmeña. De seguro será la atracción política del cónclave hemisférico de la Cumbre Iberoamericana.
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