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Sábado 9 de septiembre de 2000



No hay mal que por bien no venga

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Hermano Pablo

Se llamaba Lucía Geraldi y vivía en Nápoles, Italia. Lucía, desde muy pequeña, fue gordita, y su tamaño era motivo de bromas entre sus amigas. Hasta su padre se reía de ella. Pero ella tenía una virtud que compensaba su aspecto físico. Poseía un cariño muy especial por los niños enfermos.

Estas dos características -su excesivo peso y su compasión por los niños dolientes- fueron creciendo a la par, y al cumplir cuarenta años de edad, Lucía llegó a pesar 180 kilos. En su casa hubo hasta veinticuatro niñitos con deficiencia mental. «Es algo incontenible en mí -explicaba Lucía-. Tengo que amar a estas criaturas.»

He aquí, entre tantas noticias negativas, una noticia noble. El caso de esta mujer es de notarse. Su pasión eran los niños que, por ser deficientes mentales, son abandonados. Ella los amaba, los cuidaba y les daba el calor de madre.

Para atender a tantos niños se emplearon tres casas, cinco personas y unos 300 mil dólares anuales. Quizá las burlas que recibió cuando era niña despertaron en ella compasión por los niños despreciados, y ahí nació su vocación.

Aquí se aplica el refrán: «No hay mal que por bien no venga.» Lo que pudiera haber sido causa de total devastación mental y emocional fue lo que despertó en ella la visión que ha traído tanto bien a tantas indefensas criaturas. Aquello que la pudiera haber destruido fue lo que la salvó.

¿HABRA UNA LECCION EN ESTO? SI LA HAY

Son muchas las personas han dejado de llevar vidas productivas porque algún mal les ha acaecido. Tal vez hayan sido víctimas de menosprecio e indignación. O quizá tengan algún impedimento que las haya hecho pensar que son inútiles.

Es importante que toda persona que haya sufrido algún impedimento en la vida comprenda que no hay nada en esta vida, excepto nuestro propio negativismo, que pueda impedir que seamos una persona útil y productiva para alguien. No hay ni una sola persona que tenga todos los talentos que hay. Pero no hay, tampoco, una sola persona que no tenga, cuando menos, algún talento. Sea cual sea nuestro impedimento, siempre hay algo que podemos hacer.

No nos demos por vencidos. Hay muchos a nuestro alrededor que nos necesitan. Necesitan nuestra sonrisa. Necesitan nuestro cariño. Necesitan nuestro optimismo. No los abandonemos. La obra más grande que hizo Dios para el mundo la hizo con su Hijo clavado en una cruz. Si ponemos de nuestra fuerza y voluntad, Dios mismo nos respaldará con su ayuda divina. Seamos una luz que alumbra a este sombrío mundo.

 

 

 

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