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No hay mal que
por bien no venga

Hermano Pablo
Se llamaba Lucía
Geraldi y vivía en Nápoles, Italia. Lucía,
desde muy pequeña, fue gordita, y su tamaño era
motivo de bromas entre sus amigas. Hasta su padre se reía
de ella. Pero ella tenía una virtud que compensaba su
aspecto físico. Poseía un cariño muy especial
por los niños enfermos.
Estas dos características -su excesivo peso y su compasión
por los niños dolientes- fueron creciendo a la par, y
al cumplir cuarenta años de edad, Lucía llegó
a pesar 180 kilos. En su casa hubo hasta veinticuatro niñitos
con deficiencia mental. «Es algo incontenible en mí
-explicaba Lucía-. Tengo que amar a estas criaturas.»
He aquí, entre tantas noticias negativas, una noticia
noble. El caso de esta mujer es de notarse. Su pasión
eran los niños que, por ser deficientes mentales, son
abandonados. Ella los amaba, los cuidaba y les daba el calor
de madre.
Para atender a tantos niños se emplearon tres casas,
cinco personas y unos 300 mil dólares anuales. Quizá
las burlas que recibió cuando era niña despertaron
en ella compasión por los niños despreciados, y
ahí nació su vocación.
Aquí se aplica el refrán: «No hay mal
que por bien no venga.» Lo que pudiera haber sido causa
de total devastación mental y emocional fue lo que despertó
en ella la visión que ha traído tanto bien a tantas
indefensas criaturas. Aquello que la pudiera haber destruido
fue lo que la salvó.
¿HABRA UNA LECCION EN ESTO? SI LA HAY
Son muchas las personas han dejado de llevar vidas productivas
porque algún mal les ha acaecido. Tal vez hayan sido víctimas
de menosprecio e indignación. O quizá tengan algún
impedimento que las haya hecho pensar que son inútiles.
Es importante que toda persona que haya sufrido algún
impedimento en la vida comprenda que no hay nada en esta vida,
excepto nuestro propio negativismo, que pueda impedir que seamos
una persona útil y productiva para alguien. No hay ni
una sola persona que tenga todos los talentos que hay. Pero no
hay, tampoco, una sola persona que no tenga, cuando menos, algún
talento. Sea cual sea nuestro impedimento, siempre hay algo que
podemos hacer.
No nos demos por vencidos. Hay muchos a nuestro alrededor
que nos necesitan. Necesitan nuestra sonrisa. Necesitan nuestro
cariño. Necesitan nuestro optimismo. No los abandonemos.
La obra más grande que hizo Dios para el mundo la hizo
con su Hijo clavado en una cruz. Si ponemos de nuestra fuerza
y voluntad, Dios mismo nos respaldará con su ayuda divina.
Seamos una luz que alumbra a este sombrío mundo.
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