Más del 50 por ciento de los niños y casi el 70 por ciento de las niñas, a los 15 años, ha padecido, alguna vez en su vida, de dolor en la espalda. Asimismo, sentir dolor de espalda en la infancia, aumenta el riesgo de sufrirlo de manera crónica al ser adulto y padecer limitaciones durante el resto de la vida.
Según el pediatra Roderick Alexis Bejarano Cascante, probablemente los dolores más frecuentes en los niños sean por procesos infecciosos como faringoamigdalitis y otitis media, pero igualmente es común el dolor posterior a procedimientos como adenoamigdalectomía, circuncisión o apendicectomía.
Es bien común en la edad pediátrica que enfermedades tan comunes como faringoamigdalitis, faringitis, otitis media, bronquitis, cólico infantil, enfermedad acido-péptica, anemia de células falciformes y las lesiones de los músculos se relacionen con dolor.
Es difícil percatarse de dolores en niños pequeños, por lo que algunos padres descubren el problema cuando sus bebés lloran con insistencia, hacen gestos de dolor, se ponen rígidos, se niegan a gatear o a caminar, se ponen de mal humor con mayor facilidad, se ponen más agresivos, están inquietos o no pueden dormir.
Se han desarrollado y validado diferentes métodos para evaluar el dolor en el niño, los cuales varían en función de la edad, del tipo de dolor y de su duración. Es necesario conocer estos métodos para realizar un adecuado tratamiento.
Entre las dolencias más peligrosas es probable que el dolor de cabeza se considere el dolor más peligroso, porque en algunas ocasiones se asocia el dolor de cabeza con la aparición de tumores.
COMBATIR EL DOLOR
El paciente debe estar preparado antes de los procedimientos médicos (según la edad y nivel de desarrollo) pues le ayudará a evitar el dolor tanto emocional como físico, el entender y enfrentar la situación.
Puede acudir a la distracción a través de una voz suave, música; los cuentos o canciones pueden servir para apartar la atención del niño de un procedimiento médico o del mismo dolor.
El uso de movimientos rítmicos, lentos y constantes como mecerlo también puede ayudar, al igual que el ejercicio.
Se estima que ciertas actividades para relajarse y disminuir la ansiedad como soplar burbujas o respirar profundamente también favorecen la distracción.
Algunos optan por un masaje suave que ayude a relajar los músculos y los nervios que envían mensajes de dolor al cerebro, de modo que no perciba tanto dolor.
Otra solución es aplicar compresas calientes o agua fría sobre el sitio del dolor.