Jueves 29 de agosto de 2002

 

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Los ardientes fulgores de Juan David Morgan

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Eduardo Soto P.
Crítica en Línea

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Los ardientes fulgores de Juan David

Cuando el ex presidente colombiano Alfonso López Michel-sen escribió en marzo de este año un artículo en El Tiempo de Bogotá sobre la novela "Con ardientes fulgores de gloria" de Juan David Morgan, no sabía que el libro estuvo a punto de ser escrito como se hacía en el siglo XV -es decir, con pluma y papel-, ni que una desgracia familiar obligó al autor a usar por primera vez, y para siempre, la computadora.

Juan David es viudo, y fue el agreste camino de la enfermedad que después le quitó a su esposa, el que lo llevó hasta una casa alquilada en Phoenix, Arizona, donde durante más de tres meses, después de una crucial intervención quirúrgica que se le hizo a ella, se dio a la tarea de escribir los primeros borradores de la novela.

Su hijo, quien es ingeniero en computadoras, lo expuso al lance de aprender a usar esa cosa con pantalla digital no más grande que un cuaderno escolar. Antes de eso, Morgan era un "escritor de tinta y papel", como él mismo dice, y su secretaria se encargaba de pasar todo.

En esas estuvo durante todo el padecimiento de la compañera de su vida -en aviones, de ida y vuelta desde Los Angeles para los tratamientos posteriores, y los fines de semana en la playa para descanso-, tiempo durante el cual fue, y nunca más, escritor a tiempo completo.

Quién sabe si estas dos situaciones, su bautizo como discípulo de la tecnología, y la tragedia familiar, hagan que Morgan recuerde con especial énfasis este libro que, en el marco del centenario de la república y mucho antes (ya van 5 ediciones), se ha convertido en un punto de referencia obligado en el mundillo de la literatura panameña.

Seguro que eso tampoco lo sabe Michelsen, quien se ha convertido en el más importante promotor de esta novela de Morgan en Colombia, donde está próxima a lanzarse, pero con otro título: "En surcos de dolores".

CUATRO AÑOS

Mil doscientas fichas metidas en una cajita plástica hablan del esfuerzo que conllevó escribir "Con ardientes fulgores de gloria", una novela que narra los contextos y hechos que culminaron con la separación de Panamá de Colombia. Cuenta Morgan que en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos había una máquina de periódicos microfilmados que, al echarle una moneda de 25 centavos, te daba una copia del material. "Se convirtió en un juego para mí", dice.

Pero no debió ser un juego consultar decenas de libros de historia, por lo menos seis biografías de Theodore Roosevelt ("a quien aprendía a admirar", señala Juan David, y a quien definió como a ningún otro personaje en la novela); así como los diversos libros que sobre el tema que escribió Juan Bautista Pérez y Soto, polémico político colombiano, y también explosivo personaje en la obra, que organizó a los voluntarios -entre ellos jóvenes de la alta sociedad bogotana- que se internaron en la selva para venir a darse tiros con los rebeldes que se separaban en 1903.

Consultó la bitácora del navío U.S.S. Nashville, barco de guerra cuyos soldados estuvieron a punto de matarse con las tropas colombianas en Colón. Tomó notas del alegato que esgrimió el siniestro abogado William Cromwell, que aparece en el libro "The History of Panama", para cobrarle a los franceses sus servicios por haber logrado la separación de los panameños, y el posterior pago millonario de Estados Unidos a la compañía francesa del Canal.

En el mismo libro está la declaración para negarle el pago a Cromwell, que hizo Philippe Bunau Varilla, con cuyas nietas se reunió Morgan en París casi cien años después, cuando también visitó el palacete donde vivió el francés que firmó el tratado de 1903. Esa hermosa casa es ahora una oficina privada.

Así, Juan David examinó cientos de fuentes (los libros de Bunau Varilla, los despachos consulares de la época, periódicos de Panamá, Estados Unidos y Colombia) que se convirtieron en una mina de oro.

"No usé toda la información que encontré (...) hubiera sido imposible escribir una historia novelada como la que salió (...) lo que quería era que el lector pasara por encima de los datos sin darse cuenta de ellos", señaló el escritor, quien también se jacta del estilo de sus finales: "los dejo abiertos, como si fuera posible seguir escribiendo una segunda parte del libro"...

¿Cuánto tiempo demoró el proceso entre la investigación y la redacción final?, le pregunta el periodista, quien espera una respuesta corta. Juan David Morgan mira el retrato de su esposa, gira los ojos hacia la computadora que ahora tiene obligatoriamente sobre el escritorio, y responde frío: "como cuatro años".

 

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