Miércoles 26 de agosto de 1998

 








 

 

EDITORIAL
Tolerancia encubridora

L
a muerte de la niña Katherine Iztel Jaramillo, de veintidós meses de edad, a consecuencia de múltiples golpes y quemaduras, productos de la acción enajenada de su madrastra y cuya determinación clínica fue resultado del sentido investigativo del médico forense, Dr. José Vicente Pachard, pone de relieve las durezas de la violencia intrafamiliar y del menor, que se vive en el seno popular.

Los actos enajenados de la concubina homicida indican torcedura de mente y extravío de alma; desviaciones de conciencia, que encubrieron, por tolerancia, los vecinos.

La permisión del silencio que las comunidades asumen frente al violentismo ofensor que lesiona y mata a familiares, esposas e hijos, constituye una forma censurable de encubrimiento que reclama denuncia y acción pública.

Centenares de eventos dolosos, donde niños resultan amarrados con alambres y sogas; castigados con insanía con graves quemaduras y golpes contundentes permanecen impunes, oscurecidos por el temor vecinal de revelarlos a las autoridades correspondientes; vecinos que en la coyuntura de muerte, como en el caso de Katherine, del menor asfixiado en el Corredor Norte, del menor caído de la hamaca mientras los progenitores disfrutaban los donaires del pindín, relatan episodios de pasadas datas que abundan en circunstancias criminales del hacer contra los menores.

Los registros estadísticos de la violencia panameña muestran comportamientos comunitarios disímiles, que en determinadas localidades resultan cooperadores, denunciantes, señaladores de desvíos reñidos con la ley y la decencia; mientras en otras, permiten y amparan el crimen fingiendo ignorar tales quebrantamientos sociales.

Los reducidores de artículos robados: los asaltantes que disfrazan sus fechorías con mentiras respaldadas por vecinos insensatos; la permisión de escondites y "caletos" en vecindarios tolerantes, permiten que el delito domine triunfal; igual ocurre con los crímenes contra los menores y la familia. El adagio irresponsable que predica que "en asuntos de marido y mujer nadie se debe meter", es la fórmula verbal que sirve para justificar la irresponsabilidad social de no denunciar, ni intervenir, o impedir actos que lesionan, hieren y matan, en la vida familiar.

Las autoridades de las jurisdicciones penal y de familia tienen el compromiso del deber y la responsabilidad de atender con interés y dedicación las infracciones que envuelven agresiones y violencias contra el núcleo familiar; las comunidades titulan similares cuestionamientos, sin los cuales la acción represora e investigativa resulta cuesta arriba.

Ojalá la muerte injusta de Katherine sirva de aldabonazo a la conciencia colectiva y se logre un comportamiento vigilante que informe a las autoridades de los eventos que muestran deterioros y daños contra menores indefensos.

 

 

 


 

AYER GRAFICO
La Plaza 5 de Mayo marcó los nuevos límites entre la ciudad y los suburbios.


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, manejo como si estuviera en una pista de carreras.


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