EDITORIAL
Tolerancia encubridora
La muerte de la niña
Katherine Iztel Jaramillo, de veintidós meses de edad, a consecuencia
de múltiples golpes y quemaduras, productos de la acción enajenada
de su madrastra y cuya determinación clínica fue resultado
del sentido investigativo del médico forense, Dr. José Vicente
Pachard, pone de relieve las durezas de la violencia intrafamiliar y del
menor, que se vive en el seno popular.
Los actos enajenados de la concubina homicida indican torcedura de mente
y extravío de alma; desviaciones de conciencia, que encubrieron,
por tolerancia, los vecinos.
La permisión del silencio que las comunidades asumen frente al
violentismo ofensor que lesiona y mata a familiares, esposas e hijos, constituye
una forma censurable de encubrimiento que reclama denuncia y acción
pública.
Centenares de eventos dolosos, donde niños resultan amarrados
con alambres y sogas; castigados con insanía con graves quemaduras
y golpes contundentes permanecen impunes, oscurecidos por el temor vecinal
de revelarlos a las autoridades correspondientes; vecinos que en la coyuntura
de muerte, como en el caso de Katherine, del menor asfixiado en el Corredor
Norte, del menor caído de la hamaca mientras los progenitores disfrutaban
los donaires del pindín, relatan episodios de pasadas datas que abundan
en circunstancias criminales del hacer contra los menores.
Los registros estadísticos de la violencia panameña muestran
comportamientos comunitarios disímiles, que en determinadas localidades
resultan cooperadores, denunciantes, señaladores de desvíos
reñidos con la ley y la decencia; mientras en otras, permiten y amparan
el crimen fingiendo ignorar tales quebrantamientos sociales.
Los reducidores de artículos robados: los asaltantes que disfrazan
sus fechorías con mentiras respaldadas por vecinos insensatos; la
permisión de escondites y "caletos" en vecindarios tolerantes,
permiten que el delito domine triunfal; igual ocurre con los crímenes
contra los menores y la familia. El adagio irresponsable que predica que
"en asuntos de marido y mujer nadie se debe meter", es la fórmula
verbal que sirve para justificar la irresponsabilidad social de no denunciar,
ni intervenir, o impedir actos que lesionan, hieren y matan, en la vida
familiar.
Las autoridades de las jurisdicciones penal y de familia tienen el compromiso
del deber y la responsabilidad de atender con interés y dedicación
las infracciones que envuelven agresiones y violencias contra el núcleo
familiar; las comunidades titulan similares cuestionamientos, sin los cuales
la acción represora e investigativa resulta cuesta arriba.
Ojalá la muerte injusta de Katherine sirva de aldabonazo a la
conciencia colectiva y se logre un comportamiento vigilante que informe
a las autoridades de los eventos que muestran deterioros y daños
contra menores indefensos.


|


|
| AYER GRAFICO |
| La Plaza 5 de Mayo marcó los nuevos límites entre la ciudad
y los suburbios. |


|