CUARTILLAS
Hombres

 

Milciades A. Ortiz Jr.

El radiocomentarista conocido por su defensa del régimen dictatorial, y quien había sido alcalde de un distrito que no era el de Panamá, me miró y preguntó de repente:

"Quién es el Coronel que te respalda?" De inmediato aclaró ante la cara de asombro que puse: "Tú debes tener un coronel que te apoye, porque dices muchas cosas que yo no me atrevería, a pesar de que tengo amistad con uno de ellos".

Con las palabras más sencillas que pude, le expliqué al colega que no tenía a ningún militar que me respaldara. Es más, no era amigo ni conocido de ningún militarote encaramado en el poder de Panamá. También le dije que decía lo que consideraba era necesario para la Democracia panameña.

El radiocomentarista "apoyado" por un Coronel chupó su boca en un gesto de no aceptar mis palabras. Noté disgusto en él porque se había descubierto ante mí como un comunicador radiofónico amparado por los milicos dictatoriales panameños (Pobre tipo, eso lo sabían todos los panameños con dos dedos de frente. Pero ante el micrófono quería parecer un independiente para que la gente le hiciera caso a sus comentarios).

Cuando uno de los presidentes de a dedo le quitó la Licencia de comentarista radial a cuatro "atrevidos" (entre esos estaba yo), una colega periodista y política nos recriminó:

"Lo que pasa es que Uds. atacan a todo el mundo y por eso no tienen un árbol donde ampararse. Míreme, yo ataco al presidente porque considero que respalda a los comunistas, pero nunca hablo mal del General. Si quieren, yo les consigo una entrevista con el General en Farallón, para que les devuelvan sus licencias de radiocomentaristas".

Fui rápido en contestar que "gracias, pero no pienso hablar con Torrijos ni con nadie de la dictadura, para que me devuelvan mi licencia. Lo que nos hicieron es parte del riesgo que sabíamos que corríamos por luchar por la democracia panameña".

También la colega torció la boca algo disgustada con la negativa.

Por qué ha venido a mi memoria estos dos acontecimientos ocurridos al comienzo de los años ochenta en Panamá? Sencillamente, porque ahora con la política hay personas en este país que siguen a hombres (y mujeres), en lugar de respaldar ideas, que es lo lógico y correcto en política.

Ya aparecen por allí quienes se dicen "mireyistas" "toristas", "bebistas", "albertistas", "franquistas", "mayinistas", y otros nombres. Esto indica que "pertenecen" a determinado sujeto que dirige un partido o una corriente política.

En mis clases de Sociología en Chile me enseñaron que el líder carismático o popular, lograba que sus seguidores "depositaran en él la responsabilidad de pensar por ellos".

Esto era cómodo para la masa de seguidores, porque si había un error la culpa la tenía el caudillo; si las cosas salían bien, también el líder era el responsable.

No me gustó conocer este fenómeno que tiene algo de psicológico también, pero los expertos habían hecho estudios serios sobre él. Yo no podía pensar que miles de personas dejaran de pensar, razonar, y siguieran como "carneros de Panurgo" lo que decía el líder.

Tal vez esto fue así, porque desde niño tuve mis propias ideas, las cuales debo decir que fueron respetadas por mi padre, aunque muchas veces no estaba de acuerdo con ellas. Por tener ideas propias tuve varios problemas en la primaria y secundaria, ya que aparte de pensar también las decía sin miedo.

Eso molestó a más de una maestra y profesora, así como directivos de escuelas y colegios. Pero no me arrepiento ahora que estoy próximo a llegar a los sesenta años. Creo que cada persona tiene derecho a pensar por sí mismo, tener sus propias conclusiones, y decirlas si miedo alguno. Así ejercerá su derecho a la libertad de expresión.

Que nadie se le ocurra preguntarme en estas elecciones si sigo a un hombre o a una mujer. Lo más sencillo que le responderé es que respaldo ideas y no a personas que son como yo, con defectos, intereses, fallas y aciertos.

 

 

 

 

 

 

 



 

AYER GRAFICO
La Casa Góngora es uno de las joyas históricas de San Felipe.


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, expongo al peligro a mis pasajeros.


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