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REFLEXIONES
"El sector agrícola en el mundo globalizado"

Carlos Christian Sánchez C.
Colaborador
En la cuadra donde una vez estuvo el Supermercado Gago en Vía Brasil e intersección con Vía España, hay un lugar muy singular donde la gente de escasos recursos compra víveres, productos agrícolas como verduras, melones, papayas, frutas y verduras frescas. La innovadora idea de permitir un centro de ventas popular, en medio de la ciudad, ha generado mucha aceptación por parte de la población. Pero algo que nos asombra es que el Instituto de Mercadeo Agropecuario (I.M.A.), anunció en días pasados recientes que iniciaría la exportación de 45 tonleadas de cocos hacia el mercado de La Florida, ante lo improductivo de exportar hacia Colombia. Igual sucede con los otros proyectos de exportación de productos agrícolas de Panamá hacia el Japón, China, Taiwan, México, Centroamérica, Sudamérica y Europa. Los mercados libres y la buena nueva de exportación de los productos agrícolas, nos demuestran que los comerciantes extranjeros ven con interés del desarrollo del sector primario panameño, además de la calidad reconocida de los cultivos istmeños. El éxito se debe a una buena política agropecuaria, esfuerzo merecido de los campesinos locales, junto con el asesosamiento técnico y respaldo del Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (M.I.D.A.), y el I.M.A., no se queda atrás. Empero, hay cosas que preocupan al productor local. Las normas que regulan las importacioines provenientes del extranjero, en especial la competencia agrícola sudamericana, las presiones por la apertura hacia el mercado centroamericano, la entrada de lácteos y los impuestos de exportación excesivos que deben costear los transportistas nacionales, son temas que han creado fricciones con el Gobierno Nacional. La entrada de Panamá en la Organización Mundial del Comercio en 1995, significó un gran cambio a la actitud proteccionista del Estado istmeño, puesto que el gobierno de turno debe permitir la competencia abierta de los productos agrícolas nacionales y extranjeros, en el mercado local. La casi desaparición de algunos aranceles o impuestos de entrada y la creciente influencia de otras naciones del ámbito comercial en Panamá, obligan a los gobernantes a normalizar su política general en el sector primario. El caso de demandas por parte de Uruguay y Nicaragua, que criticaron a Panamá por su negativa para recibir la importación de carne vacuna de esos lares, más la controversia del Banano, nacida por las diferencias de exportación entre transnacionales, países productores y la Unión Europea, evidencian los primeros escollos de nuestro país para accesar al mundo globalizado. Por ello, aunque es lógico que los ministros de turno busquen defender los productores locales, la realidad de los compromisos internacionales en cuanto a la compra o venta de rubros agrícolas, sugiere la necesidad de mantener la cordura ante la situación del comercio global. No podemos ganarnos la enemistad de países amigos, por meras discrepancias en las importaciones agrícolas. Pero eso es el arte de la negociación y la diplomacia en las relaciones económicas foráneas.
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