A ORILLAS DEL RIO LA VILLA
Las épocas y los nombres (I)
Santos Herrera
Cuando los españoles
pisan por primera vez este rincón del Istmo, encuentran mucha gente
y muchas cosas. Cada uno de ellos, -humanos, animales y objetos-, tienen
un nombre que los identifica. Las denominaciones se hacen en el lenguaje
aborigen y todos se entienden muy bien y sin ningún problema. La
gente responde cada vez que lo llaman por su apelativo. Los conquistadores,
después de masacrar un elevado porcentaje de la población
y de haberla despojado de sus bienes, principalmente oro y perlas, consideran
oportuno enrolarlos en la religión católica y el primer paso
que dan es el de bautizar a los pocos que quedan. A los nuevos cristianos
no les respetan sus nombres originales y después de rociadas sus
testas con las aguas bautismales, aprovechan la ocasión y denominan
a los bautizados con los nombres de sus santos predilectos. Por esta razón,
casi todos los indígenas se llamaban en ese entonces Juan, Pedro,
Jesús, Santiago, Miguel, Pablo y las mujeres María del Pilar,
María de la Cruz, etc.
En la colonización, en la misma medida que va creciendo la población,
aumenta la influencia de la Iglesia en las familias. Esta exige que el niño
recién nacido debe recibir el sacramento del bautismo en los primeros
días, antes de que Satanás se posesionase de su alma. Además,
el cura aprovecha su poder y al nuevo cristiano lo marca con el nombre que
le indica el santoral de acuerdo al natalicio de la inocente criatura. Años
más tarde, utiliza como fuente auxiliar, el Almanaque Pintoresco
de Bristol, que tiene 166 años de estar publicándose en forma
ininterrumpida.
Por tal motivo, hasta muy entrado el presente siglo, con mucha frecuencia
se escuchan nombres como los de Antero, Simeón, Basílica,
Salvio, Gumercindo, Malaquías, Fulgencio, Isidoro, Macario, Honorato,
Eleusipo, Espelusipo, Leobardo, Cormito, Nolasco, Portalino, Plonio, Severo,
Veridiana, Anscário, Corcino, Agata, Apolonia, Escolástica,
Cratón, Amancio, Metodio, Eleuterio, Publio, Fortunato, Policarpo,
Cesáreo, Abundio, Celedonio, Guadioso, Cipriano, Inocencio, Afrodisio,
Ciriaco, Gertrudis, Anatalio, Filemón, Toribio, Serapión,
Régulo, Amadeo, Casilda, Estanislao, Liduvina, Florentino, Aniceto,
Tiburcio, Sulpicio, Atanasio, Eleodoro, Solustriano, Cervacio, Senón,
Perseveranda, Irineo, Petronila, Felícita, Constantino, Sixto, Agapito,
Bartolomé, Zacarías, Regina, Crisóstomo, Genaro, Cándida,
Aurelia, Eulalia, Flavia, Apolinar, Calixta, Fortunata, Narciso, Efebo,
Evaristo, Crispín, Serapio, Ambrosio, Leocadio, Concordio, Eusebio,
Silvestre y muchos otros más.
En el primer cuarto de la presente centuria, empezaron a escucharse otros
nombres distintos a los del santoral. Esto obedecía a influencias
de la literatura y de personajes históricos como Olimpo, Ulises,
Virgilio, Elena, Alejandro, Julio César, César Augusto, Ricardo,
Amadís, Rodrigo, Rolando, Cristóbal, Miguel de Cervantes,
Julieta, Miguel Angel, Rafael, Hugo Víctor, Simón Bolívar,
Marx, Lenín, Rubén Darío, Marianela, Jorge Isaac, etc.

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| AYER GRAFICO |
| "La India Dormida" está en peligro de desaparecer por la
deforestación. |


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