MENSAJE
Cuando el techo se nos cae encima
Hermano Pablo
Costa Mesa, California
El grupo de niños jugaba
muy alegre. David Bertolotto, de 17 años de edad e instructor de
natación, estaba dando su clase a los 14 niños, entre 4 y
6 años de edad. Era una piscina interior de una Asociación
de Jóvenes en Roxbury, Massachussets.
En lo mejor de la clase, un crujido siniestro los hizo mirar hacia arriba.
El techo de cemento, a 15 metros de altura, comenzaba a desplomarse. David
elevó una oración rapidísima: "×Señor,
ayúdanos!", y frenéticamente comenzó a sacar niños
de la piscina y del edificio. Cuando hubo retirado al último, el
techo cayó del todo. Un trozo de cemento le pegó a David en
el costado del cráneo. No lo mató, pero le desgarró
parte del cuero cabelludo.
"Cuando se hunde el piso, o cuando se cae el techo -dijo David en
el hospital-, lo mejor es clamar inmediatamente a Dios".
Gran razón tenía este joven. Había obtenido empleo
temporal como instructor de natación de niños pequeños
en esta institución. En la primera sesión ocurrió lo
inesperado. Y en ese momento terrible, su fe en Dios le hizo, primero, clamar
a Dios en forma instantánea, y después disponerse animosamente
al trabajo del rescate. Salvó la vida de todos los niños.
Qué podemos hacer cuando el techo se nos viene encima? No me refiero
al techo de un edificio. Me refiero al techo de nuestra vida: nuestra situación
económica, nuestra condición familiar, nuestra salud, nuestras
emociones. Cuando todo parece desplomarse y caer sobre nosotros, qué
podemos hacer?
Algunos salen corriendo desesperadamente, tratando de huir de la situación.
Otros se sumergen en un lago de alcohol, tratando de no pensar. Otros se
dan a los estupefacientes para insensibilizarse. Otros se encierran en su
problema y no ven a nadie. Es esta la solución? No, eso no soluciona
el problema. Al contrario, lo empeora.
La solución es hacer lo que hizo David Bertolotto. Clamar a Cristo,
fuente viva de toda ayuda, todo socorro y toda solución. Es fácil
acudir a Cristo en cualquier emergencia de la vida cuando Cristo es nuestro
amigo de todos los días, es decir, cuando vivimos acostumbrados a
la oración. Cómo logramos eso? Entregándole nuestra
voluntad, nuestro afecto y nuestra confianza a Cristo. Eso es todo. El nos
está esperando.


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