Yo sé que usted está en crecimiento, pero si prevalecen en usted estas señales, su proceso de superación está bloqueado por el síndrome del "hombre antena".
A este hombre le encanta mantenerse informado, no importa de donde venga la fuente y el contenido, pero no digiere tantos datos y su visión del mundo es deficiente, pobre y es incapaz de opinar con fundamento sobre guerras, poder, sexo, pobreza, hambre, valores, política, religión, etc. Simplemente dice: "creo, me parece, no sé, no conozco... "y no hay seguridad en nada de lo que dice. Podríamos decir que todo le interesa a nivel superficial.
2. Por adolecer de criterios sólidos, tiene un compromiso muy débil en cuanto a la realidad de dolor, de marginación y de degradación que existe. No se puede confiar en esa persona.
3. Su ideología es el pragmatismo. Todo vale en cuanto me sirva y lo usaré mientras convenga. Es una persona muy práctica, pero en el sentido negativo.
4. ¿Dónde está su verdad? En las encuestas, en la propaganda, en lo que "dice el periódico", "en lo que me contaron". Es incapaz de analizar las cosas, de investigar, de poner en tela de juicio una información mientras no se verifique.
Y por supuesto, sus modelos son los ídolos del momento, no las personas auténticas que se han hecho a base de trabajo y de ideales. En esa persona no es necesario ser auténtica sino moderna, y lo placentero sustituye a lo valedero, lo inmediato a lo que es definitivo.
Y para complicar más las cosas, la religiosidad (ritos, prácticas, creencias secundarias) tomó el lugar de la fe. Hizo a Dios a su imagen y semejanza, y lo quiere manipular con novenas o el diezmo.
¿Qué le parece? Si este es el caso suyo y no hay manera de cambiar, mi mayor deseo, y perdone, es que le suceda algo que lo haga sufrir bastante, ya que el dolor agudamente vivido, es la medicina que aplica nuestro buen Dios para que maduremos, profundicemos en las más grandes verdades y cambiemos nuestra forma de vivir y así convertirnos en seres positivos que dejen una huella en la historia, cumpliendo la voluntad de Dios con el que seremos invencibles a toda superficialidad e infantilismo.