El ruido que provocará la caída de este gobierno a su término, será mucho menor que el estrépito de los últimos tres mandatos. Se hablará muy poco, pese a la leche derramada y al tiempo perdido miserablemente. Y en parte será porque en el 2009, terminará la alternabilidad observada en nuestra reciente democracia, ya que como está servido el banquete político, es muy probable que el partido gobernante repita almuerzo completo en plato grande. Pareciera que nuestra especial cultura, ha permitido el aumento y la preservación de la pobreza. Se dice que sobrevivimos en un corral forrado de alambres del "Populismo", con firmes postes de "Clientelismo", encierro del que difícilmente saldremos a corto plazo.
Si en Panamá no hubiese tal cantidad de pobres (casi el 50%), no existiera el "Populismo" atrasador con su carreta tolerante a la delincuencia, cargada de improvisaciones y mentiras para cada día, bonos y regalos sin una planificación correcta. Por otro lado, el "Clientelismo criollo" primo hermano de la corruptela, crea la percepción del aumento de una política criminalizada, capaz de perjudicar al Estado con verdaderos maleantes que les recuerdan a diario a políticos y funcionarios cómo se hacen las marcas.
La repetición de otra "bulla de los cocos" parecida a la de 1968, podría darse merced a la persistencia de sistemas que contribuyen a preservar la pobreza y la injusticia. Tanto el "Clientelismo" como el "Populismo" son mecanismos caros e ineficientes en un país como el nuestro, que genera suficiente dinero para evitarlos a ambos. Estas herramientas nefastas de todas las calamidades que implican, disparan las alarmas en muchos indicadores de lo que realmente sucede con el país: ¡Hecatombe total!, no sólo en la educación sino en la seguridad y lo social.