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Tal como era previsible, el gobierno del presidente de la República de China en Taiwán (ROC), Chen Shie-bian, anunció el llamado a un referéndum para determinar si la isla de Formosa debe independizarse, o que se debe mantener el “status quo” actual y “la relación con la China Popular”.
Se entiende como “status quo” la situación de separación real que existe entre los gobiernos de Taipei y Pekín desde 1949: China Comunista domina todo el territorio continental, pero no a Taiwán. Mientras que la ROC en Taiwán mantiene su control gubernamental democrático de aquel sistema político fundado en 1912 por Sun Yat-sen.
Fuera de la promesa de su campaña política, de no involucrar la idea de independentismo con la difícil tensión con Pekín, Chen Shie-bien ha dado el crucial paso para definir qué futuro quieren los 23 millones de habitantes de la isla. Como todo el mundo sabe, Formosa se ha convertido en una gran potencia comercial, a nivel mundial, además de que posee un avanzado ejército, tecnológicamente moderno.
Los políticos de Taiwán ya debatían, desde 1995, la idea de declarar la independencia. El Partido Progresista Democrático (DPP), liderado por el mismo Chen Shie-bien, había ganado muchos adeptos entre los jóvenes y adultos menores de 40 años en la isla, para acceder a la propuesta pragmática de la separación total con China Continental. Empero, hay gran parte de la población taiwanesa, en su mayoría gente procedente de las provincias chinas costeras, que mantiene una estrecha relación cultural y económica con los hermanos del continente.
Esto ha generado la sensación de que algunos millones de taiwaneses “no quieren la declaración de soberanía”. Pero sí la formal aceptación de que Taiwán no es una mera provincia china, tal como achaca la prepotente dirigencia comunista en Pekín. Los agremiados en Kuomintang, el Partido Nacionalista, al igual que otros frentes partidistas como el Nuevo Partido de James Soong, propugnan por la democratización de la China Popular, y que es necesario mantener la integridad del mítico “País Celeste”. “Al fin y al cabo, todos somos chinos”, nos decía un simpatizante de las juventudes del Kuomintang, cuando visitamos la isla.
Es casi seguro ver una posible confrontación entre Taipei y Pekín, no en el ámbito militar, pero sí en el campo ideológico, en el tema de la reunificación. A finales de la década pasada, Lee Teng-hui, ex presidente de la ROC Taiwán, sugirió una relación de “Estado a Estado” entre las dos naciones China, algo que no significaba del todo una separación.
Pekín mantiene su propuesta de “una China, dos sistemas”, una idea encajonada en el argot socialista, para adaptar el sistema capitalista taiwanés, en su conjunto, con el férreo control del Partido Comunista. Algo que no comulga el 90% de los chinos de Formosa.
Esperemos que el previsto referéndum sea determinante para el completo reconocimiento de un Estado “taiwanés”, de origen chino; o del caso de concretarse la definición del status quo de Formosa, e incluso su relación con China Popular. Para nuestro concepto, apenas estamos en la mitad de un largo camino hacia la reconciliación de las dos China. |