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No es fácil entablar amistades. La amistad es una joya muy rara, y escasa. Quienes han logrado tener amigos -que son la familia que uno mismo se construye, y no la que la vida nos otorga sin consultarnos- tienen un gran tesoro que deben cuidar.
Sin embargo, con demasiada facilidad caemos en el error de rodearnos de personas ruidosas y con valores inferiores, quienes en lugar de enriquecer nuestra vida, lo que hacen es llenarla de problemas y modelos inadecuados.
Hay que aplaudir a quienes saben ser amigos. Son gente que, aunque no está siempre junto a nosotros ni llamándonos ni hablándonos, sabemos que estarán siempre dispuestos a ayudarnos, pendientes de una llamada de auxilio.
Los amigos de verdad son personas que nos dicen la verdad en la cara, sin hipocresías y sin intenciones de quedar bien.
Debemos permitir que entren en nuestra vida y la enriquezcan gente con ideas claras y brillantes sobre la vida y el amor, por ejemplo. No es correcto rodearnos de gente ruidosa, boquisucia, soez y mentirosa.
Haciendo esto, pronto podremos decir que la vida ha sido buena con nosotros, y estaremos construyendo buenas relaciones, que se traducen en una mejor vida y, por ende, un mejor país. |