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Panamá tiene de todo, y entre ello, a los que cuando se convierten en figura pública alimentan su ego erróneamente en perjuicio de otros.
Los viejos "trucos" para hacerse notar no embonan en un siglo de competitividad, y hay quienes concertan una cita para determinada hora, y sin embargo se aparecen de manera intencional, no minutos, sino varias horas más tarde.
El carisma de una figura pública, aunado a su capacidad profesional obviamente, es lo que lo mantendrá en la cúspide del éxito de sus funciones, pero jugar con el tiempo de las demás personas es algo que no tiene calificativo.
Cuando no se esté en disposición de atender una cita, lo lógico es enfrentar la realidad y negarse gentilmente, pero no aceptar para luego hacer esperar de manera deliberada a otra persona que pudiera tener el tiempo medido para realizar otras funciones.
La impuntualidad no es sólo cuestión de no ir a tiempo, es mucho más, a tal punto que compromete la situación del tercero en cuestionarse si esperar o no. Pero lo peor de llegar tarde a una cita de manera intencionada, es no tener la gentileza siquiera de expresar una disculpa. |